"nuestro mundo es visual al 100%". Para Andrea Romao y Sofía de Esteban nunca suena el despertador, no existe el timbre del teléfono y las palabras son imágenes sin eco. Las manos se han convertido en su boca y los ojos en sus oídos. Para estas dos mujeres, trabajadoras de Asorna (Asociación de Personas Sordas de Navarra) el LSE o lengua de signos se ha convertido en su principal vehículo de comunicación con los demás, un lenguaje que comparten al menos 500 personas en la Comunidad Foral y que se reivindica como una de los principales derechos de las personas sordas.
"Para nosotros lo primero es la accesibilidad, y eso incluye el lenguaje de signos", explica De Esteban, responsable del área de educación de Asorna. De ahí que en el presente año, este colectivo haya querido aprovechar el Día Internacional de las Personas Sordas, celebrado el pasado sábado, para denunciar la falta del cumplimiento de la normativa en lo que se refiere al derecho a expresarse en esta lengua. "La ley dice que el usuario tiene derecho a utilizar la lengua de signos", afirma De Esteban, "¿pero con quién la utilizo?", se pregunta. Según explica, la normativa establece que la Administración Pública debe ser accesible pero, cuando acude a urgencias o realiza gestiones jurídicas o burocráticas, la realidad es que no encuentra con quién expresarse en este idioma.
Para romper estas barreras, Asorna organiza todos los años cursos de aprendizaje de LSE abierto a cualquier interesado mayor de 16 años, y también organiza lecciones especiales destinadas a colectivos concretos como profesores, funcionariado o cualquier grupo de trabajadores interesados en conocerlo.
Se trata, como indican desde Asorna, de un "idioma extraño, en silencio", una lengua que se aprende cerrando los canales auditivos y "sin apoyarse en apuntes". Romao, administrativa de Asorna y profesora de LSE, advierte que este no es la única diferencia respecto a los demás idiomas. "Algunas personas piensan que es una traducción literal del castellano, que cada palabra tiene su signo", explica. Sin embargo, se trata de una lengua que "tiene su propia gramática". Además, "tampoco es un idioma universal". Sin ir más lejos, en el Estado están reconocidas dos variantes, la lengua de signos española y la catalana.
A las dificultades derivadas de la ausencia de personas que hablan el LSE, se suman también el recorte de las subvenciones públicas con la excusa de la crisis económica. De las seis áreas en las que trabaja Asorna (atención social, intérpretes, orientación laboral, educación integral, enseñanza de la LSE, y programa de ocio y tiempo libre), el presupuesto se ha visto recortado en cuatro de ellas.
"En educación, la subvención no cubre la nómina de la trabajadora y tenemos un montón de alumnos", denuncia De Esteban. Por eso, aunque reconocen el momento difícil por el que atraviesa la economía, recuerdan que es "responsabilidad social" de los gobernantes la de garantizar sus derechos básicos, entre ellos, especialmente el de expresarse el LSE.
Las representantes de Asorna recalcan la importancia de estudiar esta lengua desde la infancia. "Apostamos por el bilingüismo, el aprendizaje de los dos idiomas -LSE y lectoescritura- bien, en profundidad", afirma De Esteban, quien se lamenta de que en Navarra, la mayoría se oriente "hacia el modelo oralista". Como en la educación, también hacen hincapié en la accesibilidad de la información. Las nuevas tecnologías facilitan el colocar subtítulos en los programas informativos pero la aparición de intérpretes sigue siendo una de las principales carencias. "Es caro, pero al menos la televisión pública debería garantizarlo, tenemos derecho", apunta Romao. Se calcula que en la Comunidad Foral existen 35.000 personas con algún tipo de discapacidad auditiva. Sin embargo, sólo disponen de "media hora de información en lengua de signos accesible en toda la semana", denuncia De Esteban.