ARECE curioso cómo gente normalmente con los pies en el suelo se vuelve casi histérica ante presuntas e invisibles influencias malignas que les están llegando por todos los sitios. Estas personas se creen perjudicadas, su salud mermada, y en menos de nada te forman una plataforma o impiden que puedas conectarte a Internet o hablar por el móvil de forma cómoda, sin tener que emitir al triple de potencia por culpa de que no quieren dejar colocar ni una antena en las ciudades. Sufren de electrofobia, o de radiofobia, de un miedo exagerado a diversos tipos de radiación electromagnética (hasta suena mal lo de radiación, que tiene un toque nuclear que parece ya culpabilizarla) a pesar de que el sentido común y los estudios científicos han ido mostrando, a lo largo de decenios, que no hay base para esos temores, porque nunca se ha probado adecuadamente que esas radiaciones de un microondas, de una antena de telefonía, de un teléfono celular o del wifi del centro de cultura causen, en las condiciones normales, ni cánceres ni otros daños a la salud de las personas.
A pesar de que los periódicos recogen alegaciones de que una cierta antena causa leucemias u otras horrorosas enfermedades, lo cierto es que ninguna de esas alertas se sustancia. Se airean unos pocos estudios que no han sido replicados, y se obvian los numerosos estudios epidemiológicos que no tienen tales conclusiones. Se olvida que los microondas se usan desde hace medio siglo, los móviles y las antenas de telecomunicación nos acompañan desde hace ya dos decenios, y de forma masiva casi uno. Si el efecto fuera tan terrible como algunos afirman sufrir en sus carnes, tendríamos la mayor alerta sanitaria del mundo, con incidencias de millones de casos de cánceres provocados por unas presuntas radiaciones que, y esto es sobre todo lo que nunca se dice, no son fantasmas asesinos que crean mutantes y muerte como en la ciencia ficción más gore. En la electrofobia y en la ignorancia, uno acaba creyéndose que tu móvil es peor que la espada láser de los malos de la Guerra de las Galaxias, o una fuente nuclear como en las pelis de espías. Pues no: son elementos razonablemente seguros. Por supuesto, muchísimo más que el coche que muchos de los electrofóbicos siguen usando, sin ir más lejos.