pamplona. El escritor y columnista navarro Pablo Antoñana Chasco (Viana, 1927-2009), uno de los novelistas de costumbres más influyentes y reconocidos durante la segunda mitad del siglo XX en todo el Estado, falleció ayer en Pamplona a los 81 años de edad a causa de una larga enfermedad que padecía desde diciembre y que se había agravado desde el pasado mes de enero.
Antoñana, cuyo estado de salud había empeorado estos últimos días -el miércoles comenzó a sufrir fuertes molestias y dolores -, murió pasadas las 03.00 horas de la madrugada en el domicilio familiar acompañado de su mujer Elvira y de sus dos hijas, entre otros allegados.
Inagotable autor y columnista dominical en DIARIO DE NOTICIAS desde 2003, medio en el que publicó más de 250 artículos en seis años (el último fue el 25 de enero), el escritor vianés se encontraba casi retirado de la vida pública desde comienzos de 2009.
Sin embargo, y como explicaron ayer a este periódico alguno de sus amigos y colaboradores más cercanos, sus ganas de escribir -seguía sentándose cada día ante el ordenador defendiendo la escritura como un ejercicio de "resistencia y paciencia"- y su compromiso con los numerosos colectivos de los que formaba parte, le mantuvieron activo hasta que "se lo permitieron sus fuerzas". Una actitud que quedó demostrada en febrero de 2008, durante una de sus últimas apariciones. Tras presentar el libro Aquellos tiempos , el mordaz autor aseguró a la prensa que aún guardaba numerosas notas y escritos para futuros trabajos.
Pablo Antoñana estaba casado desde 1954 con la también navarra Elvira Sáinz y tenían dos hijas, Elvira y Blanca, casadas, a su vez, con Mikel Alberro y Josu Cabodevilla, respectivamente. Asier, Ioar y Olaia son los nombres de sus tres nietos.
actos de despedida El primer acto de homenaje al novelista navarro tendrá lugar hoy a las 12.00 horas en el cementerio de Pamplona, tras la incineración del cuerpo, cuando se celebre una íntima ceremonia de despedida que, por expreso deseo de la familia, "estará abierta a todo el que desee acercarse", recalcaron ayer sus hijas. Minutos antes, a las 11.45 horas, familiares y amigos del autor acompañarán al cuerpo sin vida de Antoñana desde el Tanatorio Irache hasta el camposanto de la capital navarra.
Además, y aunque todavía está pendiente de confirmación, la familia tiene previsto organizar una despedida civil el próximo miércoles, a las 18.30 horas, en el Patio de los Gigantes de la calle Descalzos 72, en el que será el primer funeral civil que acoge este recinto desde que el pasado 23 de enero comenzara a ponerse en marcha este servicio de carácter no religioso.
eL HIJO DEL MAESTRO
La historia que comenzó con 'El aguilucho herido'
Pablo Antoñana Chasco nació en Viana el 29 de octubre de 1927. Hijo de maestro de pueblo, durante su infancia conoció bien el ambiente rural del peonaje, de los mayorales y de las familias hacendadas que tan vivamente reflejaría posteriormente en sus novelas. Los libros siempre le atrajeron y compraba los que podía con la paga que le daban sus padres los domingos.
Quizá se le contagió algo de Francisco Navarro Villoslada, otro vianés ilustre. No en vano, se crió en la misma casa en la que vivió dicho autor y, aún más, el ideólogo de Ioar durmió durante toda su vida en la cama en la que este autor del siglo XIX recibió la extrema unción.
Sin embargo, como recordaba José Mª Jimeno Jurío en la memoria que leyó en el homenaje que Eusko Ikaskuntza tributó al vianés en el año 1996, fue su madre, Blanca Chasco, la que le aficionó a escuchar y a contar historias. Entre ellas, muchas de Viana, villa que llevó siempre en el corazón, de ahí sus libros Paisaje íntimo y Viana inexpugnable .
Antoñana estudió Magisterio en Logroño y Derecho en la Universidad de Zaragoza, donde publicó sus primeros trabajos literarios en periódicos y revistas de la época. Así, en 1950 creó la publicación literaria Almenara junto a José Mª Aguirre. Y, aunque iba para maestro -pidió plaza en Baquedano- o para abogado, Antoñana trabajó siempre de secretario municipal.
En concreto, desde 1952 y hasta su jubilación, desarrolló su actividad profesional en los Ayuntamientos de Sansol, El Busto y Desojo. Esa ocupación, como indicaba Jimeno Jurío, no fue sólo un "oficio de llevar pan a la boca", sino que le sirvió para zambullirse en el alma popular de Ioar y convertirse, a cada texto y cada libro, en notario de un léxico en peligro de extinción.
En cuanto a su obra, ligada íntimamente con su vida, en 1946 firmó su primer cuento Pablo Ordoky o el corte de pelo de un estudiante. En 1948, llegó El aguilucho herido, texto al que el escritor tenía mucho cariño porque era de los primeros y, como siempre dijo, desde entonces no le quedaba "más que repetirse"; frase que define bien su carácter pesimista: "consustancial a mi manera de ser".
En 1959, escribió su primera novela, El capitán Cassou y en adelante llegarían muchos títulos más, de entre los que destacan La cuerda rota, El sumario, Pequeña crónica,Relato cruento, Noticias de la Segunda guerra carlista, Textos y Pretextos , Despropósitos y Aquellos tiempos .
independiente Casi todas sus obras fueron publicadas por la editorial Pamiela a partir de 1984, fecha en la que comenzaron a sacarse a la luz cantidad textos de un escritor que estuvo repudiado durante años en su propia tierra.
Antoñana también editó obras en sellos más pequeños y siempre prestó su pluma a los numerosos colectivos culturales que comulgaban con su modo de entender la existencia. Ahí está su texto en el Parque de la Memoria de Sartaguda: "Mi memoria sacudida por aquellos días como cruel pesadilla, voces oídas como sordo rumor, vidas rotas que ni la compasión, el perdón y la justicia pudieron recomponer". Y es que, a pesar de su recurrente referencia a la muerte, "la única verdad absoluta", afirmaba, su defensa de la vida y su sensibilidad hacia los seres humanos fue siempre conmovedora.
una decena de galardones
Ganador del Príncipe de Viana y del Manuel Irujo, entre otros
Su extensa obra -Antoñana escribió en sus 81 años más de 20 libros y unos 2.000 artículos de prensa-, fue premiada en infinidad de certámenes y reputados concursos literarios. Entre otros galardones, el autor vianés obtuvo el Acento de novela corta por su libro El capitán Cassou , el premio Sésamo por No estamos solos , el Premio Ciudad de San Sebastián de novela corta por Pequeña Crónica , el premio Manuel de Irujo, y el homenaje que la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza le brindó en 1996 por su "rica" aportación a la cultura.
Ese mismo año, además, Pablo Antoñana recibió otro de los galardones más importantes de su vida: el Premio Príncipe de Viana de la Cultura. Un cálido reconocimiento en el que este campesino ilustre e insobornable pensador no pudo reprimir las lágrimas cuando pronunció un sincero recuerdo a sus antepasados de su República de Ioar.