PAMPLONA. Trece años después de que los máximos representantes institucionales de Navarra y la CAV se sentaran en la misma mesa, el presidente del Gobierno foral, Miguel Sanz, y el lehendakari, Patxi López, volvieron a hacerlo para escenificar la apertura de "un nuevo tiempo" y la "normalización" de las relaciones entre dos comunidades vecinas que, pese a que "comparten y quieren seguir compartiendo muchas cosas", se habían dado la espalda por cuestiones partidistas. Y fue Sanz, que ahora ve este marco de cooperación beneficioso para los intereses públicos, quien levantó el muro que ha tardado tanto tiempo en derribar.
El reestablecimiento de la colaboración, ansiado por la inmensa mayoría de los ciudadanos, llega acompañado de la firma de un protocolo similar en esencia al rubricado con Aragón, si bien en este caso especifica el "respeto y lealtad" a las diferentes "realidades políticas" de cada uno de los territorios.
La vigencia del acuerdo es de un solo año, -quizá porque subyace alguna desconfianza-, si bien es prorrogable "salvo denuncia expresa de una de las partes". No obstante, López, que destacó que su primera reunión con el presidente de otra comunidad haya sido con el de Navarra "por el vínculo especial que nos une", expresó "la voluntad" de abrir una vía de "encuentros permanentes".
Este compromiso de establecer unas relaciones fluidas no significa, sin embargo, que se vaya a recuperar un órgano común de colaboración permanente como el firmado en 1996. Sanz no lo ve "necesario" para mantener la colaboración, y López lo descarta tras comprobar "que no es de interés de ninguno de los dos" sacarlo a colación.
TRES EJES DE ACTUACIÓN El protocolo suscrito no arroja novedades de calado a las ya filtradas con anterioridad y se fundamenta en tres ejes de actuación: el desarrollo del euskera, la captación de ETB en la Comunidad Foral y el impulso de las infraestructuras comunes con el TAV como proyecto prioritario.
En cuanto al euskera, el texto firmado contempla la "clara voluntad" de ambos gobiernos en potenciar esta lengua más allá del sector de la educación. Sanz y López se comprometen a promocionarla y protegerla "sin injerencias políticas". "El euskera no tiene dueño, ni ideología y sólo pertenece a los ciudadanos que lo quieran utilizar", precisó el lehendakari, quien aseguró que "seguirá manteniendo partidas presupuestarias para el euskera" y dio a entender que éstas continuarán llegando a Navarra, si bien eludió pronunciarse con mayor concreción cuando fue cuestionado al respecto.
La reunión debe servir para regularizar definitivamente las emisiones de ETB en la Comunidad Foral, donde esta televisión se ve de manera alegal desde hace casi 25 años. El acuerdo, no obstante, se limita a la captación a través de la TDT de sus dos primeros canales y "no del tercero y el cuarto", apuntó Sanz, mientras que López dejó abierta la puerta a que éstos últimos también "se puedan exportar en el futuro". En todo caso, las emisiones se harán desde el "respeto" a Navarra, que deberá ser presentada "como una realidad diferenciada de la CAV".
Mayor sintonía transmitieron en el impulso de las infraestructuras que afectan directamente al desarrollo de ambas comunidades. El objetivo inmediato es trabajar en la construcción del corredor navarro de alta velocidad y la conexión con la Y vasca, "para que el enlace de Madrid con Europa se haga a través de nuestras comunidades", coincidieron los dos presidentes.
LA BANDERA ESPAÑOLA A Sanz le correspondió explicar el giro de 180 grados que ha dado hasta celebrar, 13 años después de su llegada al poder, su primera reunión oficial con el Ejecutivo vasco. Y no fue nada original. Volvió a recurrir a los conocidos argumentos de que Navarra no forma parte "de ese proyecto que los nacionalistas llaman Euskal Herria" para justificar la tardanza en este encuentro, antes de dar la bienvenida al representante de otro gobierno con el que tiene "en común" que en las respectivas sedes "ondea la bandera española con absoluta normalidad".
López, recién llegado al cargo, dejó claro que no venía "a pasar cuentas con el pasado", sino a "testificar la apertura de un nuevo tiempo". Calificó el de ayer de "un buen día porque Euskadi y Navarra se dan la mano", no tuvo inconveniente en reconocer que esta colaboración se corresponde con el deseo de "la mayoría de la sociedad navarra y de la vasca", y ensalzó la buena "sintonía" con Sanz.