de entre las muchas estampas pintorescas que, durante todo el año, brindan los peregrinos en su llegada a Santiago de Compostela, la que protagonizó ayer el fustiñanero José María Litago puede que se lleve la palma durante mucho tiempo. Y es que no se ve todos los días a un devoto que culmine el trayecto en tractor y aparque el vehículo en la plaza del Obraroido, a las mismísimas puertas de la basílica. La foto final de su aventura (captada por un taxista y todavía inédita) deja detrás más de 800 kilómetros de viaje que comenzaron el pasado 21 de junio, muchas horas en soledad a lomos del tractor, anécdotas de carretera y, sobre todo, el cumplimiento de la promesa que se hizo a sí mismo cuando se sometió a una operación de reducción de estómago. Aquella intervención quirúrgica, que le hizo perder casi 40 kilos y de la que salió airoso, es la que le hizo comprometerse con el Camino de Santiago. "Quise cumplir mi promesa andando, pero era imposible tal y como tenía las rodillas, así que, como toda la vida me he dedicado al campo, decidí hacerlo con el tractor", relata desde una cafetería gallega Litago.
Tras su aventura, su mayor preocupación es regresar a casa de la manera más barata posible, en camión, tren o grúa. "Hoy es imposible que pueda volver a Fustiñana, pero estoy contento porque, al principio, me negaron la autorización para entrar en el Obradoiro con el tractor, pero hoy he podido hacerlo", afirmó ayer.
reto
Velocidad de crucero: 25 kilómetros por hora
Casado con Chelo Aguirre y padre de dos hijas, cuando José María Marchite (54 años) contó en casa sus intenciones, pensaron que estaba "chinao", com él mismo reconoce. Sin embargo, eso no le desanimó y se embarcó en un viaje a 25 kilómetros por hora, velocidad de crucero, que ha gestionado en trece etapas. En su particular Camino de Santiago tuvo que pernoctar en hoteles ya que, como cuenta, "los peregrinos que van a pie tienen preferencia en los albergues y en estas fechas estaba todo a tope". Mientras él descansaba, el tractor se quedaba "a la sombra porque he llevado conservas de Navarra para obsequiar a los ayuntamientos de las localidades por las que pasaba". Ésos, de hecho, han sido sus únicos momentos en compañía ya que el resto del trayecto lo realizó solo. "Es lo más duro, la soledad, pero bueno, también me ha dado tiempo a pensar en muchas cosas y a reflexionar mucho", subraya. En cuanto a las anécdotas del camino, José María Marchite Litago se queda con las recepciones en los pueblos y con la colaboración de la Guardia Civil. "Me he quedado muy sorprendido de cómo han colaborado conmigo y se han preocupado de que todo me fuera bien", admite. Luego, recuerda con humor lo complicado que le resultó atravesar ciertas calles de León con el tractor. De su experiencia saldrá una exposición de fotografías que podrá verse con motivo de las fiestas patronales de Fustiñana y en la que también mostrará todos los objetos y recuerdos con los que le han obsequiado los municipios a los que, de camino, llegaba en cada etapa para dejar productos navarros y platos con el escudo de su pueblo.