lA sonrisa engreída del máximo responsable de Tráfico, Pere Navarro, recibiendo los parabienes por los buenos resultados de su gestión, resulta insultante para el sentido común de quienes le pagamos el sueldo.
La tarea de Pere Navarro, continuista, sólo se diferencia en la de sus antecesores en los mayores medios derivados de la recaudación con los que ha contado para fortalecer la política de represión al conductor. La lectura interesada de las estadísticas de muertos en carretera le avala; pero el precio en recortes de libertades ciudadanas sugiere, cuando menos, alguna reflexión: En lo referido a la tasa de alcohol, se declara delito el solo hecho de estar en disposición de cometerlo (si a usted le paran en un control preventivo , sin haber hecho nada, pero da positivo, entenderá lo que digo). Las sanciones aplicadas son inicuas y desproporcionadas (prácticamente la misma sanción por saltarse un stop que por no llevar cinturón o hablar por el móvil). Normas farragosas, confusas o sencillamente imposibles de cumplir (imaginen las salidas de fin de semana en las grandes ciudades a 50 km/h…).
Mienten con naturalidad, como diría Serrat, toda esa caterva obsoleta de directores generales, provinciales, catedráticos en seguridad vial, tertulianos de medio pelo… cuando recetan un único remedio para reducir los accidentes: la mano dura. Simplemente no saben hacer otra cosa.
Con esa actitud pretendidamente proteccionista ponen de manifiesto su incapacidad más allá del estacazo y tente tieso, que nos retrotrae a los tiempos en los que les cortaba la mano a los ladrones. Deberían irse a su casa y dejar paso a gestores con mentalidad para tratar a ciudadanos maduros, con derechos y con los defectos que nos harán cometer errores, pero no por ello debemos pagar como delincuentes. Con políticas viales encaminadas a minimizar los errores humanos que siempre han de existir y castigar con justicia a los que cometen imprudencias y temeridades.
A mí también me han palmeado la espalda con dos puntos más como zanahoria, pero no necesitamos el palo de la represión;,sino mejores carreteras, más cultura, más educación y, sobre todo, mucha más imaginación.
Carlos Campión