pamplona.Paisito es una película sobre la memoria, un relato sobre la injusticia, un alegato contra las dictaduras, pero, sobre todo, una historia de amor gestada en la infancia, donde los paraísos parecen posibles. Todas estas lecturas se pueden extraer de la nueva película de la directora navarra Ana Díez, que ayer visitó Pamplona para hablar de este trabajo que llegará a las salas el 24 de julio.
Junto a Díez estuvo Ricardo Fernández-Blanco, guionista de esta historia que, según la realizadora, habla de "cicatrices, del desgarro producido en la vida de quienes sufrieron las dictaduras que, como regueros de pólvora atravesaron América Latina y, en concreto, la capital más austral de nuestro mundo, Montevideo". Allí se rodó en 2007 gran parte de esta película protagonizada por los españoles Emilio Gutiérrez-Caba, que también estuvo ayer con la directora, y María Botto, el uruguayo Nicolás Pauls y Andrea Davidovics y los argentinos Mauricio Dayub y Viviana Saccone. "Fue un gusto rodar en Uruguay", explicaba ayer Díez, que destacaba la profesionalidad de los actores de aquel país, al que, en palabras de Gutiérrez-Caba, "deberíamos ayudar mucho más", porque, a pesar de que su población es "cultísima", el país "está destrozado". Esa situación precaria propició, precisamente, que la producción fuera más sencilla, "ya que casi todo está como en los 70", también en el ámbito de la revisión histórica, apunto Díez. De hecho, la dictadura del paisito , como lo conocen sus habitantes, apenas es conocida en el mundo, quizá porque, como dice el guionista, "no hubo un rostro referencial como los de Videla o Pinochet", sino una junta de comandantes. Por eso mismo es "importante" Paisito , porque "no se puede dejar impunes a los dictadores", sean de donde sean, explicó Gutiérrez-Caba, que en este trabajo se ha sentido "representante de tantos republicanos españoles que tuvieron que exiliarse al Cono Sur".
tintes autobiográficos Quien conoce bien qué sucedió a comienzos de los 70 en Montevideo es Ricardo Fernández-Blanco. Nació en 1961 y en 1979 emigró a España. Aunque la historia que narra no sucedió así al cien por cien, tiene mucho de él y de "los sentimientos que pasaban entonces por la cabeza de la gente". Su padre también era zapatero remendón, como el personaje que encarna Emilio, y, al igual que en la película, "se la jugaba" escondiendo en la trastienda a los perseguidos por los milicos , aunque "sentía mucha frustración" por no poder decir abiertamente lo que pensaba. Tal vez por eso su hijo escribió Paisito, porque "se lo debía a Uruguay". Además, el rodaje coincidió con el levantamiento de cadáveres de la segunda represión militar, en 1976, así que era "más importante que nunca contar lo que pasó". Ana Díez y él lo han hecho a través de esta película "melancólica" que intenta abordar un "pasado desgarrador".