tegucigalpa. El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, fue detenido ayer por militares y llevado a Costa Rica, mientras integrantes de su Gobierno llamaron a la comunidad internacional y al pueblo hondureño a "defender la democracia".
La situación en Honduras se agrava por momentos, con miles de partidarios del presidente protestando en las calles de la capital, donde el despliegue de los efectivos militares es evidente en las principales arterias de Tegucigalpa. El propio Zelaya confirmó, después de que lo hiciera el Gobierno costarricense, que se encuentra en Costa Rica y sostuvo haber sido víctima de un "secuestro brutal" por parte de un "grupo de militares" de su país.
El presidente pidió a los soldados de su país "que no permitan" que se concrete este "ultraje, este monstruo" en Honduras, y al pueblo pidió que "proteste sin violencia".
Tras la detención de Zelaya, carros blindados y tanquetas salieron a las calles de Tegucigalpa, mientras aviones caza sobrevuelan la ciudad.
Zelaya fue detenido por militares poco antes de la hora en que estaba previsto que comenzara la consulta popular convocada por él, pero que había sido declarada ilegal por el Parlamento y por el Tribunal Supremo, y era rechazada por la cúpula militar.
El secretario privado de Zelaya, Eduardo Enrique Reina, dijo a los medios locales que la Guardia de Honor les informó de que "el presidente fue sustraído por los militares y llevado a la Fuerza Aérea".
Horas después, Zelaya era trasladado a Costa Rica, donde la ministra de Seguridad costarricense, Giannina Del Vecchio, confirmó que el presidente hondureño se encontraba en perfecto estado de salud y en calidad de "huésped" en San José, con el visto bueno del presidente del país, Oscar Arias.
En 2006, Manuel Zelaya se convirtió en el jefe del Estado de Honduras al alzarse con la victoria en las elecciones presidenciales celebradas ese año. Tres años después, su proyecto de una reforma constitucional -previa consulta popular- que le permita aspirar a un segundo mandato le han costado el puesto.
Pocas horas después, la Corte Suprema de Honduras asumió la responsabilidad de lo ocurrido al anunciar que había ordenado al Ejército la expulsión del presidente Manuel Zelaya por su insistencia en realizar una consulta popular, declarada ilegal, como parte de su intento por ser reelegido.
La destitución de Zelaya estuvo rodeada de propaganda, como demuestra el anuncio realizado por el secretario del Congreso hondureño, según el cual el presidente, supuestamente, habría renunciado a su cargo mediante una carta. El presidente desmintió inmediatamente su renuncia en declaraciones a la CNN.
Zelaya salió esposado del palacio presidencial a primera hora del domingo, custodiado por soldados, a escasas horas de que comenzara una votación para reformar la Constitución. Declarada ilegal por el Parlamento y la Corte Suprema de Justicia, la consulta planteaba un referéndum junto a las elecciones generales de noviembre sobre la convocatoria de una Asamblea Constituyente para cambiar la Carta Magna.
El hijo del mandatario, Héctor Zelaya, relató que doscientos militares entraron por la fuerza en la residencia oficial y se llevaron a su padre en vehículos blancos.
El jefe del Estado Mayor y líder golpista Romeo Vásquez, cuya destitución (luego revocada) desencadenó la demostración de fuerza del Ejército, aseguró que el cambio de tornas era un ejemplo de "normalidad" institucional: "No estamos haciendo el uso de las armas, estamos haciendo el uso de la razón", apuntó. >agencias