No hay mejor remedio para una paliza como la que se dieron los 225 corredores que ayer tomaron la salida en Isaba que un buen tentempié en meta. Y estando en zona de pastores, qué mejor que unas migas de pastor como comida energética para recuperar fuerzas. La imagen de tipos finos acostumbrados a carreras como la de ayer, con un plato de migas en una mano y un vaso de vino en la otra es el reflejo de lo que quiere ser la Camille Extreme: una carrera dura pero en la que se puede disfrutar y mucho.
A algunos solo les alcanza para disfrutar cuando cruzan la meta, pero otros incluso hicieron el recorrido entonando alguna melodía.
Los corredores sabían que si ellos se estaban dando una paliza al llegar a la cima de Ezkaurre, los voluntarios que habían subido el líquido y la fruta hasta allí ya se la habían dado con antelación. "Vosotros sí que tenéis mérito", les comentaba uno de los participantes mientras degustaba un trozo de sandía.
Es la coincidencia en este tipo de carreras. La buena química entre los voluntarios de cada punto de la prueba y los corredores. Algo fundamental para que el corredor se vaya contento a casa.
Y el buen humor también se convirtió ayer en solidaridad en Isaba. La venta de libros de la expedición Navarra Himalaya ´79 fue todo un éxito. De la treintena que se pusieron a la venta al precio de la voluntad apenas quedaba algún ejemplar al final del día.
Por último también destacar el público que cada año anima en mayor número a los corredores. La subida a Ezkaurre fue un continuo sube y baja de montañeros que, con su lista de dorsales, animaban a todo el que pasaba. Sabían de la dureza de la Camille Extreme y por eso quizá lo hacían con más ganas.
En definitiva, una nueva jornada de sufrimiento convertido en sonrisas al cruzar la meta. La mayoría de corredores pensaron ayer durante la carrera que no volverían a Isaba en 2010. Minutos después, con las migas de pastor en una mano y el vino en la otra, la opinión ya era otra.