UE somos la izquierda necesaria ha sido siempre nuestro lema. El leit motiv con el que nos presentamos a la sociedad. Casi un mantra en tiempos de dificultades. Dificultades sociales, épocas de crisis, económica y social. Pero también dificultades de apoyo popular. La izquierda, en general, e Izquierda Unida, en particular ha sufrido los rigores de un largo invierno.
Es cierto que vivimos una etapa extraña. Una etapa de grandes cambios, ideológicos, a veces. Otras, sencillamente, estéticos. Las organizaciones políticas son las protagonistas principales del sistema democrático. Y éste, a veces, está supeditado a su naturaleza. Por eso, nos influye que UPN siga siendo la UPN de siempre, la que representa a la derecha navarra con toda su nitidez y su fuerza, aunque se haya desgajado del PP. ¿Una operación de marketing? ¿Realmente hay diferencias o ha sido, simplemente, la manera de acercarse a este PSN de Roberto Jiménez? Que en este nuevo escenario Yolanda Barcina sea la nueva presidenta del partido sirve para confirmarnos la continuidad de una forma de hacer política nítidamente de derechas.
Por su parte, el PSN se nos presenta con una ambigüedad ensordecedora. Ese PSOE de Zapatero que, a nivel estatal, pretende vestirse con algunos de los valores tradicionales de la izquierda, en Navarra se presenta con un entreguismo ciego a UPN y sus políticas de derechas. Con el recuerdo de un Gobierno del Cambio frustrado hace dos años por ellos y por la espalda. Y NaBai es una nueva construcción sin pasado. Los nacionalistas, al unirse entre ellos han logrado algunos éxitos electorales; pero las evidentes diferencias ideológicas entre unos y otros les dificultan el futuro.
¿Han cambiado, entonces, todas las fuerzas políticas del panorama navarro? No. Todas no. En este escenario, la izquierda ha sufrido unos resultados insatisfactorios en los últimos años. Pero ha permanecido quieta. Y, a pesar de ello, sabemos que sigue siendo necesaria. En cualquier escenario futuro Navarra necesita una oferta política de izquierdas. De una izquierda responsable, fresca, con capacidad de diálogo y con posibilidades reales de influir en el futuro de nuestra Comunidad Foral. Y para conseguirlo, la izquierda debemos replantearnos. Asumir nuevos enfoques superando los estereotipos que nos aprisionan. Recorrer el camino hacia nuestra regeneración política abriendo el espacio hacia nuevas expresiones progresistas a través de una atmósfera propicia a que el debate de ideas sea lo que prevalezca.
La congruencia con nuestros ideales nos exige construir en positivo una organización más amplia, plural en su composición y en su debate de ideas. Reconstruir y, a la vez, renovar una izquierda imprescindible para articular mayorías sociales y políticas progresistas. Mirar al futuro con memoria, pero sin vivir paralizados por la añoranza del pasado. Señalando caminos y, de este modo, construyendo. Porque menos rigidez puede venirnos bien para reencontrarnos y avanzar. Crear argumentos sólidos para convencer a la sociedad navarra de que somos un instrumento necesario para el cambio. Se requiere un gran esfuerzo por recuperar la autoridad moral de los valores de la izquierda desde un punto de vista contemporáneo. Habrá que tener cuidado con no inmolar la posibilidad de construir un gran movimiento a manos de la urgencia infantil de rendir culto a nuestros propios mitos. No olvidemos que muchos de esos ceremoniales y ritos, a la larga, han anulado buena parte de la pasión política. Que ha sido suplantada por una forma de protocolo organizativo.
Y no se puede iniciar este proceso mirándonos permanentemente al ombligo. No es el momento de hacerle el juego a la omnipresente derecha con nuestras divisiones, matices, con nuestro desaliento ni tampoco renunciando a la posibilidad del cambio. Es imprescindible mirar hacia fuera. Porque hacer política para la transformación social es, a veces, aprender a escuchar y entrar en sintonía con otros que también interpretan lo público de la misma manera. La política, y la vida, son siempre una posibilidad y un riesgo. ¿Que sociedad tenemos? ¿Cuál es la que queremos construir? ¿Cómo hacerla? Y, sobre todo, ¿por qué? y ¿con quién? Seguramente es tarde para algunos discursos; pero todavía tenemos tiempo para hacernos estas y muchas otras preguntas.
Porque, en contra de la deserción, seguimos teniendo hambre de política. Pero de buena política. De vías que puedan conducir hacia un cambio real en Navarra desde una izquierda renovada, diversa y transversal, con un estilo diferente, que responda a esa pluralidad social del espacio de izquierdas que debemos conquistar. Y no hablo de jugar a enlazar las siglas de siempre, sino de unir sensibilidades, mucho más amplias. Menos derechos de autor y más imaginación y entusiasmo. Nada de mojigatería ni de oscuros intereses. Todo compromiso y confianza en el futuro.