L parecer, el Gobierno de Zapatero estudia matizar en 2010 aquella ocurrencia estrella de la deducción universal de 400 euros en el IRPF y si no eliminarla al menos el mal menor -que Navarra aplica tras renunciar a su autogobierno fiscal por el seguidismo al Estado incluso en decisiones tan torpes- de mantenerla pero vinculada a la renta de cada contribuyente. Una iniciativa populista y demagógica para las elecciones generales de 2008 y que una vez cumplido ese papel se ha convertido en una carga. Esos 400 euros muestran, además, lo peor de la política utilitarista, ésa que se entiende a sí misma como un escenario de pan y circo. No es la crisis, en realidad es el propio modelo democrático y las bases del Estado de bienestar -sometido al acoso y derribo de las temibles doctrinas del neoliberalismo- los que necesitan de una política fiscal que asiente derechos básicos, desde la igualdad de oportunidades y la redistribución justa de la riqueza a la salud y la educación. Una política fiscal basada en la idea justa de progresividad que ha sido sustituida por una desbarajustada competencia partidista por la reducción de impuestos y la eliminación del concepto de renta como base de las políticas sociales. Zapatero necesita ahora apoyos en el Congreso para superar mañana el trámite de establecer el techo de gasto para 2010, paso imprescindible para abordar el diseño de los próximos Presupuestos. No sería poco logro que esos apoyos obliguen a Zapatero a rectificar esa discriminatoria y electoralista medida de los 400 euros del actual modelo fiscal. Y de paso comenzar a recuperar la progresividad en impuestos y en deducciones fiscales.