Editorial
Desgraciadamente, más de lo mismo
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en la entrevista a varios miembros de ETA que el diario Gara publicó el pasado mayo, uno de los interlocutores reconocía que estaban en "un proceso reflexivo y asambleario" que finalizaría antes del verano y en el que se fijaría "una estrategia político-armada eficaz". A punto de llegar el verano, casi como en cumplimiento de lo anunciado en la entrevista, ETA ha asesinado en Arrigorriaga por el inquisidor procedimiento de quemar vivo con una bomba-lapa en los bajos de su vehículo a Eduardo Puelles García , inspector de la Brigada de Investigación de la Policía Nacional vinculado a la lucha antiterrorista. El atentado, además, ha provocado graves daños materiales a numerosos vehículos estacionados en el mismo aparcamiento sin que, afortunadamente, hubiera que lamentar otros daños personales que podrían haberse producido si otras personas se encontraran en el espacio de la conflagración. Agotadas ya todas las expresiones de condena, repetidas mil veces las palabras de rechazo y de desprecio a una actividad terrorista que aborrece la inmensa mayoría de la sociedad vasca, sólo queda la reflexión desmoralizante, melancólica casi, que confirma los peores pronósticos sobre el resultado de ese presunto "proceso asambleario de reflexión" que se supone ha concluido donde estaban, el asesinato, la violencia, el chantaje y la persecución del adversario. El cadáver calcinado del policía, el dolor inconsolable de su esposa y sus hijos, el pánico que sacudió al pueblo de Arrigorriaga, el terror difuso avivado en la multitud de amenazados y posibles objetivos de ETA podrían ser "la estrategia político-armada eficaz" que se anunciaba como conclusión del proceso de reflexión. En resumen, más de lo mismo. Fracasados hasta ahora todos los intentos de final negociado para la paz y la normalización de este país, la izquierda abertzale tradicional intentaba plantear una supuesta acumulación de fuerzas soberanistas para lograr "de forma democrática y pacífica" la apertura de un nuevo proceso de negociación que ETA no asumirá nunca si no lo controla. La paz y la normalización política es el deseo mayoritario de la sociedad, pero ETA hace tiempo que no es capaz de escuchar la voluntad popular del pueblo al que dice representar y prefiere permanecer anquilosada en el solitario e indigno camino de una violencia obsoleta. Se perpetúa ese desvarío de ETA que va para medio siglo y que tanto dolor inútil está causando para imponer su proyecto totalitario. |
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