pamplona. Deenemigos íntimos podría calificarse la relación que han mantenido Navarra y la CAV desde la caída del franquismo. Con la llegada de la democracia, la mayoría de las voces políticas apuntaban a estrechar lazos entre ambas comunidades y esos propósitos vieron su súmmum , primero (y sobre todo) con el Gobierno presidido por Juan Cruz Alli con UPN (1991-1995) y luego con el efímero tripartito dirigido por Javier Otano (1995-1996). Después, Miguel Sanz fue derrumbando todo lo construido por Alli, ahora socio de Gobierno, engrosando así de manera paulatina la muga entre la Comunidad Foral y la CAV.
El que fuera hasta el pasado abril líder de UPN ha puesto piedras en el camino de la colaboración entre ambas comunidades, alegando siempre que el territorio vecino no respetaba la realidad institucional de Navarra. Ahora, con un lehendakari no nacionalista y sin argumentos para obstruir las relaciones, el presidente Sanz se reunirá de manera bilateral con Patxi López para suscribir un acuerdo de colaboración. De todos modos, el encuentro de mañana en Pamplona viene precedido por otro similar con el presidente de Aragón el pasado lunes y uno más que se llevará a cabo con el de La Rioja. Queda así fuera de toda duda un trato preferente con Álava, Vizcaya y Guipúzcoa.
La foto de mañana no se repite desde el 17 abril de 1996, cuando Otano y el lehendakari José Antonio Ardanza firmaron un convenio sobre EiTB . El precedente se remontaba al protocolo de colaboración suscrito entre ambos el 25 de octubre de 1995 para sentar las bases de la creación de un órgano común, que el Parlamento foral aprobó el 11 de junio del siguiente año, precisamente una semana antes de que se hiciera pública la cuenta en Suiza del presidente navarro.
Aunque en los últimos 14 años no haya habido reuniones equivalentes, las relaciones han tenido inevitables vínculos, bien sea por la proximidad territorial o por compartir ámbitos culturales y económicos. Así lo demuestran, entre otros, los siempre puntuales acuerdos en infraestructuras (el puente de Endarlatsa) o el protocolo sobre el euskera (que quedó en una mera declaración de intenciones) firmado en enero. Las denominaciones de origen comunes, el turismo (en la revista Lonely planet los territorios aparecen bajo el apartado Basque Country ), instituciones como el colegio de arquitectos vasco-navarro, el fútbol, la pelota, la playa o incluso las setas han atravesado el muro levantado por el mundo político.
A nivel institucional, pues, los altibajos han sido los verdaderos protagonistas de la relación. Esa montaña rusa arrancó en 1977 de una manera ahora impensable. Aquel año, los dirigentes socialistas navarros Gabriel Urralburu y Carlos Solchaga participaron junto con Manuel de Irujo en la Asamblea de Parlamentarios Vascos, celebrada junto al árbol de Gernika y enmarcada en el Consejo General Vasco, órgano preautonómico del País Vasco.
"La Asamblea de Parlamentarios Vascos manifiesta su decisión de defender el derecho del pueblo vasco a recuperar sus instituciones históricas". Esta declaración fue defendida también por el que fuera presidente de Navarra entre 1984 y 1991. Eran otros tiempos. Un año antes, el 15 de febrero de 1976, Felipe González había gritado Gora Euskadi askatuta en un mitin en Eibar, y en el balcón de la sede navarra de los socialistas ondeaba la ikurriña .
Aún no habían llegado las primeras elecciones autonómicas y municipales (1979) que dieron a UCD, con el ahora popular y antes regionalista Jaime Ignacio del Burgo a la cabeza, el 26,80% de los votos en Navarra. Y los representantes navarros de este partido, al que relevó luego UPN en la derecha, descartaron las bases de la Asamblea de Parlamentarios Vascos, que había contemplado la unión de Navarra y el resto de territorios.
Fue durante el mandato de Urralburu cuando se produjeron los primeros encuentros oficiales con la CAV. El jefe del ejecutivo navarro se reunió de manera bilateral con el lehendakari José Antonio Ardanza el 21 de julio de 1989, en Pamplona.
la controversia
El órgano común
La principal controversia de la bilatelaridad entre ambas comunidades ha versado sobre el órgano común, una propuesta que ha estado sobre la mesa de ambos Gobiernos en infinitas ocasiones. Si uno se remonta en el tiempo, encontrará declaraciones curiosas, como unas de Jaime Ignacio del Burgo el 12 de marzo de 1987 ante el pleno del Parlamento foral. "Si lo que se pretende es establecer algún órgano común, permanente, que sirva exclusivamente de cauce de encuentro entre ambas comunidades para la preparación, para el estudio, para el análisis de futuros convenios de cooperación, nosotros entendemos que, desde el punto de vista del Amejoramiento del Fuero y de la Constitución, no habría nada que objetar".
Pero las palabras se las lleva el viento y esa postura giró 180 grados. No muchos años después, UPN frustró todos los avances del Gobierno de Otano, precedidos por las bases puestas en el mandato de Alli. Dicho de otra manera, los regionalistas lideraron la bandera de los detractores del órgano común, que estuvo a punto de crearse en 1996.
El 18 de junio de ese año se destapó la cuenta en Suiza del presidente foral y, según declaró en 2005 el entonces jefe del Ejecutivo navarro, éste había sido chantajeado previamente por Sanz y Rafael Gurrea para que retirara la propuesta del órgano común. El actual presidente navarro siempre ha negado tales acusaciones, pero las fechas son muy cercanas. Sólo una semana antes de conocerse el caso de corrupción, el Parlamento foral había aprobado la creación del órgano común con los votos favorables del PSN, CDN, IU y EA y la oposición de UPN. Tres días después fue la Cámara vasca la encargada de aprobar la creación del órgano permanente.
Ese paso tenía su precedente en un protocolo suscrito entre Otano y el lehendakari Ardanza el 25 de octubre de 1995, una alianza que buscaba "fórmulas de colaboración para sacar la máxima rentabilidad social en beneficio de sus ciudadanos". Se acordó trabajar conjuntamente en educación, política lingüística, infraestructuras y medios de comunicación, entre otras cuestiones. Sin embargo, el tripartito tuvo poco margen de maniobra y sólo llegó a suscribir (el 17 de abril de 1996) un acuerdo para la regularización de EITB . Ambas administraciones habían definido que el órgano carecería de competencias y estaría basado en el "respeto mutuo".
Una vez aprobado el documento para la constitución del órgano por parte de los Gobiernos y Parlamentos de las respectivas comunidades, el últimos paso para su constitución debían darlo las Cortes Generales. No obstante, Miguel Sanz, al llegar a la presidencia tras la caída del tripartito, solicitó la paralización de este trámite en el Senado y el 31 de octubre de 1996, la Cámara Alta retiró definitivamente el acuerdo de Navarrra con la CAV. Dos días antes, el 29 de octubre, Sanz se había comprometido a elaborar un convenio de cooperación con esta comunidad que sustituyera al que él mismo había retirado, pero la propuesta quedó, además de en papel mojado, en unos interminables cruces de acusaciones entre el presidente navarro y el lehendakari Ardanza. Las relaciones comenzaban ya a enfriarse.
la 'euroregión'
Navarra, CAV y Aquitania
Otro vínculo deshecho por Sanz fue el protocolo de colaboración entre Navarra, Aquitania y la CAV. El 24 de enero de 2000, el presidente foral rompió este acuerdo escudándose en el asesinato a manos de ETA del teniente coronel Pedro Antonio García, cometido tres días antes. Sanz acusó a Juan José Ibarretxe (lehendakari entre 1999 y 2009) de dar una "ambigua" respuesta al atentado y recordó que el Gobierno Vasco, formado entonces por el PNV y EA, se sustentaba en un acuerdo de legislatura suscrito con Euskal Herritarrok. Estos argumentos fueron suficientes para que el jefe del Ejecutivo foral pusiera punto final al acuerdo rubricado en 1989 entre Aquitania y la CAV y al que se incorporó Navarra el 13 de febrero de 1992. Según lo dicho, en el momento en que el Gobierno Vasco decidiese romper sus relaciones con EH, Sanz se replantearía aquella decisión. Pero eso no llegó a ocurrir.
A través de ese protocolo echado por tierra se había creado un fondo común al que cada comunidad aportaba una parte del Producto Interior Bruto para la colaboración entre los territorios. Así, Aquitania aportaba al año 751.265 euros, 601.012 euros la CAV y 360.607 euros Navarra. De este modo, la decisión del presidente navarro afectó principalmente a proyectos de investigación universitaria y a actividades culturales.
Dejando atrás este vínculo, también se puso fin a la declaración de Ainhoa , acordada también con el objetivo de ahondar en la colaboración institucional. El 16 de enero de 1993, los presidentes de Navarra, la CAV y Aquitania (Alli, Ardanza y Jacques Valde) suscribieron en el paso fronterizo de Dantxarinea la declaración cuyo último fin era constituir una euroregión común. En concreto, el manifiesto defendía la idea de una Europa unida asentada sobre la diversidad de los pueblos.
En cuanto a los líderes navarros, Alli fue el impulsor de estos acuerdos institucionales (el protocolo con Aquitania y la CAV y la declaración de Ainhoa ). El punto de partida se fijó el 29 de noviembre de 1991 -al alcanzar el Gobierno con UPN- cuando el que más tarde sería líder de Convergencia se reunió con el presidente de la CAV, José Antonio Ardanza, en un encuentro oficial realizado en Ajuria Enea para normalizar relaciones.
Esta manera de hacer política fue precisamente parte del trasfondo de los enfrentamientos entre Alli y UPN, pese a que los acercamientos del presidente foral en la primera parte de la década de los 90 siempre se desarrollaron con la Constitución, el Amejoramiento del Fuero y el Estatuto de Gernika en la mano.
Este fue también el eje de los motivos de Alli para salirse del partido regionalista y fundar CDN en 1995. Por ejemplo, las diferentes posturas en el seno del partido respecto a la autovía de Leitzaran (la que podría ser una versión del TAV en los 90) suscitó una de las polémicas de mayor envergadura en 1995. Además, una vez caído el tripartito, la mayoría de las discusiones entre Alli y Sanz giraron en torno al órgano común. Estas polémicas son sólo algunos de los ejemplos que muestran cómo las relaciones entre las dos comunidades han marcado la agenda política de manera incesante.
pinceladas más recientes
'Plan Ibarretxe' y Loyola
Más recientemente, el Plan Ibarretxe y las conversaciones de Loyola volvieron a traer a un primer plano el debate de la relación entre Navarra y la CAV. La derecha relacionó estos movimientos con una posible venta de la Comunidad Foral, por lo que fue dando brillo al escudo para distanciarse de la CAV y de sus ataques a la realidad institucional de Navarra.
En este sentido, con el denominado Plan Ibarretxe, aprobado en 2004 por la Cámara vasca, los responsables del Ejecutivo navarro montaron en cólera por haber incluido a Navarra dentro de las menciones al pueblo vasco en el texto del plan. Este hecho fue aprovechado por el Gobierno de Navarra para denunciar una invasión competencial y evitar toda colaboración con la CAV.
Otra pincelada que hoy resulta digna de atención se encuadra en las conversaciones de Loyola, cuando el actual inquilino de Ajuria Enea, Patxi López, defendió la creación del órgano común.