la abstención marca un nuevo récord histórico en las elecciones europeas y la participación apenas superó el 43% del electorado, casi 20 puntos menos que en 1979. En Navarra, creció un 3,5% respecto a 2004 y llegó al 56%. La apatía y el desinterés de la ciudadanía aumentan de manera continuada, quizá arrastrados por la imposición de un proyecto político europeo que se percibe asentado en la burocracia y la ineficacia. Es cierto que la no participación en los procesos electorales es una opción igualmente democrática y en muchos casos implica además un posicionamiento político crítico consciente. Pero eso no puede ocultar que detrás de ese descenso de participación electoral hay un proceso de despolitización social que supone la pérdida de presencia de la ciudadanía en la actividad política y el auge de las vías populistas y demagógicas. De hecho, han sido las candidaturas derechistas -tradicionalmente menos afectadas por la abstención- y las de grupos euroescépticos y de extrema derecha quienes han salido reforzados en la cita electoral del domingo. Aunque también se perfila la consolidación de un voto alternativo a la izquierda de la socialdemocracia -la gran derrotada el 7-J-, con los ecologistas a la cabeza. La jornada europea mostró una vez más que democracia y partidos políticos no van necesariamente juntos, más aún cuando la progresiva bunkerización del sistema de partidos ha aumentado su nivel de aislamiento social y ha hecho crecer la brecha entre los intereses partidistas y las demandas y necesidades reales de la sociedad. Europa exige más que una multiplicidad de oferta de partidos a los que votar el día de unas elecciones.