Editorial
La autocomplacencia de Zapatero
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| la derrota en las elecciones europeas -600.000 votos y casi cuatro puntos porcentuales menos que el PP- ha dejado en el PSOE una estela de críticas internas que han obligado incluso a un apresurado cierre de filas con Leire Pajín, la responsable de la campaña, y que en otras ocasiones son indicador del inicio de la descomposición de un liderazgo político. A Zapatero se le ha reprochado directamente -las críticas veladas le han llegado incluso del ex presidente Felipe González- su tardanza en comparecer para analizar los malos resultados de su partido, y la ausencia de autocrítica cuando lo ha hecho mediante una referencia a los 11 millones que avalaron su triunfo de hace año y medio. Todo ello, cierto es, forma parte de la normalidad en la vida interior de cualquier partido tras una derrota electoral, pero en el caso del PSOE agrava una situación de soledad política, y por tanto de debilidad en el ámbito parlamentario, y sitúa el problema donde realmente se encuentra también la raíz de los malos resultados socialistas: la sensación pública cada vez más generalizada de inacción gubernamental a la que le han llevado su ineficaz gestión ante los graves problemas derivados de la crisis económica y su errática política de alianzas, consecuencia de la progresiva derechización del discurso político de Zapatero. La falta de análisis crítico en la cúpula socialista, al parecer instalada en la autocomplacencia y la confianza en que la economía remontará por sí misma antes de las próximas elecciones, no hace sino confirmar esa sensación de desconfianza social y profundiza en las dificultades del PSOE -surgidas del incumplimiento de compromisos por parte de Zapatero- para lograr los apoyos parlamentarios. Y el hecho de que una moción casi anecdótica de un parlamentario del grupo mixto para paralizar la ley del aborto -el navarro Carlos Salvador, de UPN- pueda acarrear una sonora derrota política al Gobierno de Zapatero en un asunto de tanta trascendencia social evidencia el alcance real de esa debilidad política. Y también, por cierto, el mal pago político de UPN a quien le debe su permanencia en el poder del Gobierno de Navarra. En otras palabras, salvo giro radical e inesperado en su política económica y de alianzas parlamentarias, la capacidad real de gobernar y el apoyo electoral de los socialistas de hace un año sólo son ahora mismo una pescadilla que se muerde la cola. |
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