pamplona. La llegada del periodo estival marca el inicio de la temporada de festivales musicales en el Estado, grandes eventos culturales que generan, allá donde se celebran, importantes beneficios económicos, turísticos y de imagen. De nuevo Navarra se ha quedado al margen de estas citas, una situación de páramo cultural que parte de dos grandes deficiencias: la falta de apoyo institucional y la escasez de infraestructuras. Para analizar los porqués de esta situación y aportar las posibles soluciones, tres representantes de las empresas más importantes que trabajan en la organización de este tipo de eventos en Navarra ofrecen su particular punto de vista.
Para Alonso Remedios, de Last Tour International, empresa que organiza festivales como el Azkena Rock de Vitoria o el Bilbao Live, la ausencia en Pamplona de festivales se debe "a un caso omiso por parte de las instituciones a cualquier propuesta que venga de fuera. Y me remito a dos casos concretos. El proyecto del Bilbao Live, el germen de este festival que finalmente recaló en la capital vizcaína, se le presentó al Ayuntamiento de Pamplona hace 4 años, institución con la que mantuvimos una reunión en la que les explicamos el dossier de lo que iba a ser el festival, cómo funcionaba nuestra empresa, los artistas con los que trabajábamos, etc, para intentar llegar a un punto de encuentro y poder hacer ese festival en Pamplona... No se dignaron ni a contestarnos, ni para bien ni para mal, y entonces nos fuimos con la propuesta a Bilbao". El segundo ejemplo concreto fue el festival CuVA (Cultura de Vanguardia). "Tuvimos varias conversaciones con el responsable de Baluarte hasta que en un intercambio de mails me llegó a contestar que qué tipo de moto le quería vender. Ante una respuesta así parecía poco probable llegar a ningún acuerdo, así que tras la negativa lo presentamos en Santander, donde se lleva desarrollando durante tres años con un resultado estupendo, llenando el Palacio de Festivales de Santander con artistas de renombre y con una gran respuesta del público y crítica". Por lo tanto, "en lo que a nuestra empresa se refiere, el problema radica en que las instituciones son un poco obtusas".
En este sentido, Jokin Zamarbide, de la empresa In & Out de Pamplona, promotora entre otros eventos del pasado Rock en el Reyno, hace especial hincapié en la falta de patrocinio institucional como elemento básico para poder organizar festivales y conciertos. "En Pamplona, sobre todo, falta voluntad y visión institucional. Hace años, Caja Navarra entró fuerte en esto y las instituciones se relajaron, de esta manera Caja Navarra, que era un poco de todos, del Ayuntamiento y del Gobierno, se convirtió en el gran patrocinador cumpliendo la función de posibilitar los grandes eventos en Navarra. Años después, Caja Navarra se retira del escenario de los conciertos, nunca mejor dicho, y las instituciones no saben, porque no lo habían previsto, cómo meter mano, con cuchillo y tenedor, a este asunto. Falta esto y, también, un marco en el que desarrollar diferentes ciclos y festivales". Por otra parte, y al margen de la voluntad institucional, "también falta la voluntad de los patrocinadores, que junto con las instituciones parece que no se han dado cuenta de los activos, de imagen y económicos, tan atractivos que suponen y que encierran los eventos de este tipo. No valoran éstos pero se gastan millones en campañas que venden productos o servicios que no nos interesan a nadie". De todas maneras, "también es verdad que, en lo que a grandes conciertos se refiere, estos se los llevan los que más pujan. Es decir, "si Zaragoza o Bilbao ponen más dinero que Pamplona, los conciertos se irán para allí. Y, finalmente, en ocasiones nos encontramos con el capricho del artista, que prefiere el Bilbao del Guggenheim a la Pamplona de los Sanfermines". A pesar de todo, "la capital foral sigue teniendo sus oportunidades, si bien es cierto que si la ciudad tuviera más tradición de grandes citas y más acervo en lo que a cultura musical se refiere, sería una plaza mucho más interesante para todos los artistas".
Mikel Martikorena, director de la empresa y promotora Artsaia, matiza que "a Pamplona, y a Navarra, le vendría bien a todos los niveles contar con un festival, sobre todo turísticamente pero también industrialmente, por los puestos de trabajo que puede generar una gran cita anual con vocación de continuidad". Además, en su opinión "este evento no tiene que ser sólo destinado a la música, sino referido a cualquier manifestación artística, como las que hay en muchísimas ciudades... Excepto en Pamplona. Se trata de grandes festivales promovidos por la iniciativa privada y fuertemente subvencionados por la iniciativa pública". Pero también hay otra razón por la que no tenemos grandes festivales, y es que "cuando te pones en contacto con el promotor guiri , le cuesta mucho trabajo ubicar Pamplona. Para mal, no para bien, está considerada una ciudad de segunda, y esto es algo que los representantes de artistas miran mucho, hasta el punto que hay ciudades a las que, aunque les pagues el caché, no van a venir. Yo recuerdo el ejemplo de Bryan Adams, un concierto que estuvimos barajando hacer, al que le costó mucho localizar la ciudad". De todos modos, en lo que respecta a los festivales anuales, "casi como ciudadano, imploro que se crea en esto. Aquí sí que con el mimo de una empresa privada, a la hora de intentar planificar una cita anual a modo de festival, y con la inevitable interlocución y luz de la Administración Pública, sí que debiera existir. Yo creo que Pamplona es una ciudad rockera que debiera de tender hacia una cita de la música popular y más concretamente del rock o del pop rock. Esto sí hace falta y, además, es bastante evidente".
Patrocinios y subvenciones Queda claro que el papel de las instituciones es fundamental para el desarrollo de este tipo de eventos a través de subvenciones y patrocinios, que en Navarra habitualmente brillan por su ausencia. Alonso Remedios apunta que "en nuestro caso, las subvenciones han sido nulas. Cuando hemos intentado alcanzar algún acuerdo de colaboración, que en muchas ocasiones no implica dinero, sino ayuda en infraestructuras o permisos, no hemos obtenido ningún resultado". Por su parte, Jokin Zamarbide desgrana un poco más el papel de las entidades públicas. "Estamos hablando de que las instituciones ejercen el papel de patrocinadores y posibilitadores, no como promotores, ya que si ellos fueran los promotores debieran hacer un concurso ya habrían decidido el artista y la convocatoria serviría para que los diferentes productores concursaran para ver quién hacía la labor de contratación y construcción del concierto. Pero ahora estamos hablando de cosas distintas. Un artista viene de la mano de un promotor, y si ese artista interesa, ese promotor es el que tiene que hacer el concierto. Y, por otra parte, es el promotor quien concede la opción de patrocinio. Por ejemplo, este año se ha propuesto al Gobierno y al Ayuntamiento la actuación en Pamplona de artistas como Bruce Springsteen, Madonna o Leonard Cohen... y nada. La respuesta es la misma, que son malos tiempos y no hay dinero. Como curiosidad, apuntar que Madonna, personalmente, llegó a aprobar la inclusión de la fecha de Pamplona en su gira, que hubiera sido mucho más interesante que hacerla en Zaragoza". Por lo tanto, ¿qué tiene que hacer la institución cuando da un patrocinio? "Analizar previamente el marco presupuestario del evento del que se esté hablando. Los cachés son públicos y notorios, es decir, si yo digo que Bob Dylan cuesta 360.000 euros es porque Bob Dylan cuesta 360.000 euros; y además su actuación implica una producción de 140.000 euros. Y todo esto es perfectamente justificable y sostenible, porque se demuestra con los contratos". Es decir, "si sobre un coste de concierto de 600.000 euros yo propongo un patrocinio del 30% estaré pidiendo 200.000 euros, más o menos, pero, a su vez, yo asumo un riesgo de 400.000 euros". Estos patrocinios además de posibilitar el concierto, provocan, por otra parte, que "el precio de las entradas no se dispare y se pueda ajustar".
2009, la crisis no es excusa A pesar de la crisis omnipresente, festivales como el Azkena Rock ya se han celebrado con notable éxito. Hablamos de eventos que, precisamente, en tiempos de recesión se convierte en revulsivos económicos. "En Burgos estamos montando una carpa en la que van a actuar desde Prodigy hasta María Bayo, Carmen Linares e incluso programación infantil... Y aquí, no hay nada. El año que viene hacemos la gira de Santana, que de nuevo será muy difícil que recale en Pamplona a no ser que logremos algún tipo de acuerdo. A pesar de las dificultades, en el próximo mes de julio nos gustaría ofrecerle, entre otros artistas, a Mark Knopfler al Ayuntamiento de Pamplona", explica Alonso Remedios. Una posición frente a la crisis, la de buscar oportunidades, que también mantiene Jokin Zamarbide: "Creo que el público sigue yendo a los conciertos pero selecciona más. Los standares y las radiofórmulas están bajando, porque los artistas, aunque es una situación que ahora va cambiando poco a poco, se empeñan en mantener unos cachés que no son de recibo; pero hay otro tipo de propuestas que van cobrando más carta de identidad aunque sean menos masivos. A pesar de todo esto, este año, si hay patrocinio institucional, en Pamplona se verán cosas muy interesantes. Estoy a la espera de que se aprueben una serie de propuestas que he hecho a las instituciones. Pero si no hay apoyo no se hará; el año pasado fue bastante duro y perdimos bastante dinero en algunas apuestas". Finalmente, Martikorena también se muestra optimista. "A pesar de la crisis, Artsaia nunca había hecho tantos eventos a riesgo como los que ha realizado este año: Chambao, Terrat Pack y Gary Moore. Los resultados han sido buenos y la intención es traer más cosas importantes a Pamplona".