pamplona. El número de parejas de cigüeñas blancas en Navarra ha sufrido un espectacular incremento en los últimos años. Tal apreciación la refrenda el hecho de que la población de estas aves se haya multiplicado por diez en los últimos 15 años. El último censo emitido por Gurelur, el Fondo para la Protección de la Naturaleza, registra que la Comunidad Foral suma 813 nidos de cigüeñas, cuando en 1994 las nidificaciones sólo alcanzaban las 95. Los datos a nivel estatal hablan de que en el último recuento realizado en 2004 la población era de 33.217 parejas, con lo que se doblaba el dato de la década anterior (16.643 en 1994).
Más allá del ampuloso número, hay que rastrear el origen de este fenómeno creciente, relacionado estrechamente según los expertos con los efectos producidos por el calentamiento global y el cambio climático. También aparece como posible causa del incremento poblacional la aparición de vertederos de gran volumen, que les facilitan a estas zancudas la búsqueda de alimentos. Antonio Munilla, de Gurelur, se remonta a hace 25 años para explicar los cambios de comportamiento. "Antes de 1984, la práctica totalidad de las cigüeñas desaparecían de la Península y migraban a África, incluso al sur del continente. Ese fenómeno se producía de septiembre a febrero, cuando ya se avistaba su regreso (de ahí el dicho por San Blas la cigüeña verás ). Pero ese año, en 1984, se produjo un extraño suceso. Un ejemplar no migró de Navarra y se quedó pasando el invierno en Cascante. Aquello ya nos dijo que algo estaba cambiando", constata Gurelur.
En el fondo, el resultado que provoca estas modificaciones en el entorno y en el hábitat de las cigüeñas es la mitigación de las migraciones de las aves adultas. Ahora, las zancudas sólo abandonan la localidad en la que han anidado a modo de desplazamiento puntual, pero ya no realizan esas largas migraciones. "Los inviernos actuales son más benignos en cuanto a climatología y además cada vez las cigüeñas tienen más disponibilidad de alimentos porque han entrado a comer en los vertederos, donde tienen comida fácil. Las cigüeñas adultas ya no migran y las jóvenes tan sólo se trasladan al sur de la Península o al norte de África. Además, durante las migraciones se producía la mayor parte de las muertes de estas aves, por lo que la población se mantiene más estable", aclara Munilla.
desplazamiento más corto Las cigüeñas son aves que comen todo tipo de alimentos (insectos, roedores vivos, pescado, anfibios, reptiles, carroña...) excepto vegetales y pueden recorrer unos 300-400 kilómetros diarios con alimentación adecuada. Una vez comprobado este cambio en el comportamiento migratorio, se ha observado que las cigüeñas localizadas en Navarra llevan a cabo ahora un desplazamiento más puntual, en el que abandonan su nido durante 20-25 días hacia el vertedero de Valdingómez, en Madrid.
El crecimiento poblacional de las cigüeñas blancas puede ocasionar, como así sucede, una problemática grave de no atajarse a tiempo. Las afecciones en monumentos y edificios históricos que soportan gran cantidad de nidos es un asunto en el que el Gobierno foral, a través de su departamento de Medio Ambiente, debe rendir cuentas. Los daños que estas aves puedan provocar en estas construcciones también repercutiría en una percepción más negativa de las cigüeñas por parte de la ciudadanía. Sin ir más lejos, Munilla ejemplifica que la iglesia nueva de San Adrián "soporta 45 nidos, lo que está creando un conflicto grave".
solución a las afecciones Las propuestas para solucionar estos casos son múltiples y desde Gurelur citan algunos ejemplos: "Habría que rebajar los nidos, acondicionarlos, colocar nidos alternativos en riscos (como en Azagra) para alejarlas de las ubicaciones problemáticas, una serie de actuaciones que la Administración puso en práctica hace unos años, pero que ya no se encarga de realizar".
Una pareja de cigüeñas puede tener entre 1-6 crías, aunque la media es de 2-3 ejemplares, y los nidos que construyen suelen pesar entre 200 y 300 kilos. Cada nidificación acoge a una pareja de cigüeñas, pero cuando vuelven al mismo "nunca van sin nada, siemprese llevan comida, agua y vegetales, así que los nidos empiezan a crecer cantidad. Incluso en Azagra, tuvimos que retirar un nido que nos llenó todo un caminón. Pesaba un total de dos toneladas", certifica Munilla.