sanz devalúa los 75.000 votos del PP en Navarra -sólo 15.000 menos que hace cinco años con la lista UPN-PP-, a pesar de que él mismo había puesto toda la carne en el asador para que el voto tradicional de la derecha navarra no se cobijase en el partido de Rajoy. Lo cierto es que el único partido que ha ganado algo en estos comicios ha sido el PP, que después de 18 años de no formar parte del panorama electoral en Navarra se lleva el voto de miles de ciudadanos que hasta ahora votaban UPN-PP. Y además le gana el pulso a un PSN que daba por hecho que la ausencia de UPN le aseguraba ser la lista más votada. Los análisis en la derecha regionalista son discrepantes. Sanz compareció ayer tan solo para arremeter contra el PP e intentar devaluar su resultado, pero Barcina ofrecía un análisis opuesto y más cercano a la realidad: a su juicio, la mayoría de los electores de UPN han votado al PP. Quizá en el aparato de UPN, la ruptura con el PP duela aún como para insistir en el enfrentamiento cainita, pero parece otra la apuesta de Barcina, empeñada en recuperar la coincidencia con el PP. Porque Sanz ha gestionado hasta ahora una cómoda fórmula en la que todos los votos de las derechas navarras caían en UPN, pero también lo es que Barcina debe afrontar un escenario diferente y parece preferir recuperar como base el entendimiento con el PP al inseguro apoyo del PSN. Más aún si el PSN no ha demostrado capacidad de aprovechar la división de UPN-PP y se queda con un resultado 7.000 votos peor al de 2004, y aquello fue la puntilla para Lizarbe. A UPN le quedan dos años de bicefalia y no parece que esa fórmula de Barcina y Sanz acabe de acomodarse bien.