finales de este año, el Reino Unido prevé tener controlados el 95% de los movimientos que se produzcan en el país, mediante la iniciativa e-borders , que controla las salidas y llegadas de unos 250 millones de personas en avión, tren y ferry. Con motivo de luchar contra el terrorismo y la inmigración ilegal, una base de datos almacenará nombres, direcciones, números de teléfono, reserva de asientos, itinerarios y datos de las tarjetas de crédito durante diez años. Un completo historial de cada viajero que quedará informatizado... en un país que se caracteriza últimamente por el descuido en el tratamiento de los datos. Hace poco tuvo que dimitir el responsable de una operación secreta por llevarla en un documento a la vista, lo que fue difundido por la prensa y obligó a un cambio de planes. Y cinco son los ministros de Gordon Brown que se han visto forzados a dejar sus puestos en una semana, después de conocerse los gastos privados que cargaban, legalmente, eso sí, al erario público. La filtración en este caso fue interesada, puesto que un particular permitió, a cambio de una buena suma, que se conocieran unos gastos perfectamente asumibles por profesionales que ganan salarios muy por encima de una población sacudida por la crisis. La cuestión es que resulta temerario que tantos datos tan privados de cada persona se almacenen sin medidas de seguridad en aras de esa seguridad precisamente, porque luego salen a la luz de la forma menos pensada y nos dejan expuestos, indefensos, en público.