Pamplona, mayo de 1987, se inaugura en la Ciudadela la exposiciónAgur Hemingway , una muestra con la obra de 25 artistas locales comisariada por Pedro Salaberri y organizada por Pedro Manterola y Juan Zapater bajo el impulso del 5º aniversario del periódico Navarra Hoy.Agur Hemingway no porque sí, sino porque la ciudad se abría a la vanguardia, retomaba el espíritu de los Encuentros del 72, los aires de la Escuela de Pamplona, la necesidad de seguir reclamando a través del arte que algo estaba vivo y olía a libertad más allá de la opresión de una ciudad de provincia tradicional y conservadora. La exposición reunió a los que entonces eran las jóvenes promesas del arte local, hoy muchos de ellos artistas de reconocido prestigio internacional. En cultura, sólo el que arriesga obtiene recompensa. Pamplona, junio de 2009, pleno siglo XXI, atrás queda el siglo XX y sus vanguardias; han pasado ya más de 20 años desde aquella exposición y la ciudad retrocede día a día al aire rancio de entonces. Este año, otro aniversario, el de los 50 años de la última visita de Ernest Hemingway. Pero esta vez no hay ni apuesta, ni riesgo. No hace falta, al menos ni el Ayuntamiento ni el Gobierno lo necesitan ¿para qué? Pasarán a la historia por homenajear a un Premio Nobel ridiculizando su persona a través de un concurso de imitadores. Patético. La literatura, la cultura y quienes la hacen posible se merecen algo más que un espectáculo barato a precio caro. En esta Pamplona que aspira a ser capital cultural en 2016 las instituciones organizan y pagan con dinero de todos lo que desde hace más de 30 años se celebra en un bar de Key West en Florida. Lo que nos queda por ver.