UnA pancarta anuncia la celebración en la fachada del colegio de Obanos, justo debajo de los azulejos con la inscripción escuelas nacionales y el año 1933. En el interior, los profesores han preparado un aula tal y como debía ser en aquella época: la mesa de la maestra con el timbre, la pizarra y seis pupitres dobles en los que descansan las enciclopedias Álvarez; y alrededor, decenas de fotografías antiguas, viejos mapas y láminas del cuerpo humano, la hucha de las cuestaciones para los chinitos ynegritos , juguetes, aparatos de radio y otros muchos objetos que testimonian el paso de los años. Presidiendo la clase, el retrato de la benefactora del colegio, Felipa Aldave, pintado por Javier Ciga.
Esta mujer, natural de Muruzábal pero muy vinculada a Obanos, donó "unos cuantos miles de duros", según reseñaba la prensa de entonces, para la construcción del edificio. "Aportó 25.000 pesetas para el aula de párvulos, una cifra importante si se tiene en cuenta que el colegio costó algo más de 100.000. Después, encargó a Ciga que le pintara un retrato y lo donó a los párvulos; el cuadro siempre ha estado en el colegio, no es del Gobierno ni del Ayuntamiento", señala el director del centro, Fernando Sanz.
la celebración
Dentro y fuera del colegio
Ésta es una de las muchas historias y anécdotas que estos días se recuerdan en Obanos, donde mucha gente está involucrada, de una u otra forma, en la celebración. A la comida popular de mañana se han apuntado doscientas personas.
"La celebración tiene dos bloques: por una parte, el trabajo interno con los chavales recordando la fecha y, por otra, el acto institucional que el Ayuntamiento ha preparado para el sábado", señala Fernando Sanz. Así, estos días han pasado por el colegio antiguos alumnos para explicar a los actuales sus experiencias: los futbolistas Aniano Guembe, que llegó a la primera plantilla del Real Madrid, y José María Guembe, del Numancia; o la taekwondista Aitziber Los Arcos. Otro día acudieron tres padres a contarles cómo era la escuela en su tiempo; y otros tres les enseñaron los juegos de entonces: las tabas, la peonza, los chinos o los trabaderos. Algunos no pudieron acudir pero enviaron escritos con sus experiencias en el colegio, como el periodista José Luis Erviti, el profesor y escritor Carlos Goñi o Antonio Alcalá, el herrero del pueblo; los que han seguido su camino en la música tocaron el piano, la guitarra, el clarinete o el acordeón. Los alumnos mayores representaron para los pequeños un viejo cuento y las profesoras prepararon un puzzle de tantas piezas como alumnos que, una vez montado, reproduce la fachada del colegio. Las actividades concluyeron con un cuentacuentos que financió el Servicio Social de Valdizarbe.
la historia
Un día de julio de 1933
Hasta 1933, los chicos y chicas de Obanos recibían clases en el ayuntamiento, pero sólo los mayores. Felipa Aldave condicionó su apoyo económico al proyecto a que se construyera un parvulario en el nuevo edificio. Con su ayuda y un préstamo que pidió el Ayuntamiento, en 1932 pudieron comenzar las obras, que duraron un año. Aunque no se conoce el número total de alumnos que iniciaron las clases, sí se conserva una relación nominal de los párvulos, que eran ochenta.
Fernando Sanz guarda fotocopias de la prensa de la época y en ellas se intuye que la inauguración del colegio en el verano del 33, en plenos Sanfermines, debió constituir todo un acontecimiento en Obanos. Acudieron las autoridades locales, con el inspector jefe de Navarra, Mariano Lampreave, y el alcalde, Remigio Ulzurrun, aunque finalmente no pudo llegar de Madrid el ministro de Instrucción Pública, Domingo Barnés, que había anunciado su presencia. Papel destacado tuvieron aquel día Felipa Aldave, la benefactora, y Orosio Cristobalena, un obanés que hizo fortuna en Madrid fabricando el papel estuchado de los azucarillos y que siempre trabajó intensamente por el progreso de su pueblo. Ambos pronunciaron discursos, y el de Felipa Aldave llamó especialmente la atención de la prensa porque pidió que, ya que en la República no se impartía Religión en la escuela pública, al menos los párvulos recibieran clases del Catecismo. Esta reflexión dio pie a un incendiario artículo en un periódico pamplonés en el que se comparaba la enseñanza republicana con el Soviet.
La fiesta de inauguración contó con música de banda, cohetes, arcos de flores y un banquete que preparó el restaurante Las Pocholas y que sirvieron las primeras maestras: Magda Erice, María Luisa Ulzurrun, Enriqueta Ulzurrun, Encarnación Zabaleguía y Pilar Cildoz. Ésta última, que actualmente tiene 98 años, pasó toda su vida laboral como maestra en el pueblo y ha sido un referente para generaciones de obaneses.
El edificio, "tan soberbio como magnífico", decía el cronista, se construyó sobre un solar de 1.076 metros cuadrados, en dos plantas, la inferior para los niños y la superior para las niñas, con entradas diferenciadas y dos patios, uno para cada sexo. Tenía WC "y sus lavabos correspondientes", cuarto de profesores, biblioteca y clases con grandes ventanales. "Se ve que el pueblo no ha regateado ni andado en pequeñeces", sostenía el periodista, que felicitaba efusivamente al arquitecto, el pamplonés Mariano Arteaga, y al contratista, Aurelio Gridilla, de San Martín de Unx.
Aquel edificio es el mismo que puede verse hoy en día, aunque rehabilitado en los años 70 y en 1989, con profundas remodelaciones interiores. No existen problemas de espacio, pero el centro ha quedado obsoleto y el Departamento de Educación y el Ayuntamiento se están planteado la construcción de un nuevo edificio que podría estar encaminado esta misma legislatura. Eso espera al menos el director, Fernando Sanz, quien lamenta, asimismo, el estancamiento del presupuesto para la educación pública. "En los 14 años que llevo aquí, la cantidad que el Gobierno destina al centro es prácticamente la misma, entre 2.600 y 3.200 euros anuales, y con eso tiene que trabajar la escuela. Es poco dinero".