Para bien o para mal, la tortura de la temporada 2008/2009 acaba mañana para Osasuna, y tiempo habrá -desde el lunes hasta el chupinazo- para cantarle las cuarenta a más de uno (o correrlo a gorrazos, según su parte de culpa), porque de lo que se trata ahora es de ganarle al Real Madrid y salvar la categoría. Por un montón de motivos que pueden resumirse en diez:
Economía
1. Muchos menos ingresos
Bajar a Segunda es un drama económico. Un club medio de Primera División tiene unos ingresos anuales entre 20 y 40 millones de euros. En el caso de Osasuna, los ingresos presupuestados para esta temporada han sido casi 30 millones, de los que la parte del león son 13 millones de euros por derechos televisivos, 6 por publicidad y 6 por abonados y socios.
Al bajar a Segunda, los ingresos televisivos prácticamente desaparecen, la publicidad cae en picado y no sólo baja la asistencia al campo sino que las entradas cuestan menos porque, obviamente, no es lo mismo ver al Barça y al Real Madrid que al Huesca o al Girona.
Un equipo que cae al pozo de la División de Plata se encuentra de repente con una merma de los ingresos de hasta el 70%, lo cual pone en riesgo la solvencia de cualquiera. Entre otros problemas, no hay manera de mantener los sueldos de la plantilla, lo cual obliga a dar cartas de libertad o malvender, y no es posible mantener la estructura humana creada en torno a un equipo de Primera.
Estatus
2. Una ciudad de Segunda
Cuando un equipo baja a Segunda su ciudad va detrás de él. Desde que descendió, ¿cuántas veces ha salido Zaragoza en un telediario por una noticia que no sea un suceso? ¿Siguen existiendo Salamanca y Mérida? Y eso tiene un valor intangible de publicidad para una ciudad.
Por no hablar de lo que supone -en gasto inmediato en bares y restaurantes, y para que se animen a futuras visitas turísticas- recibir visitas masivas de aficiones rivales en grandes encuentros.
Lo deportivo
3. El purgatorio de Segunda
La Segunda es como la guerra, como ingresar en un hospital o como las obras en las calles de Pamplona: se sabe cuándo empiezan, pero no cuándo acaban. En esa categoría hay cada año unos 14 aspirantes a subir a Primera, que para ello gastan por encima de lo que pueden y que, salvo los tres afortunados que suben, ven cómo se agrava su problema económico. Y, como en todo purgatorio, hay quien vuelve al cielo y quien se va al infierno de la Segunda B, lo cual es casi lo mismo que desaparecer, porque obliga a partir de cero y sin dinero para grandes estructuras.
El espectáculo
4. No ver grandes equipos
Obviamente, si Osasuna baja a Segunda División se despide de Barça, Real Madrid, etcétera (y sus respectivas figuras). Estar en Primera y codearse con los grandes es el objetivo per se de todo club modesto.
recompensas
5. Único objetivo: volver
Otra obviedad que conviene tener presente: el único objetivo atractivo de un equipo de Segunda es volver a Primera, porque ni puede optar a jugar en Europa ni tiene plantilla para llegar lejos en la Copa. Nada que ver con las opciones que se tienen cuando se está en Primera.
Incluso un modesto como Osasuna sabe que, si hace una temporada realmente buena, puede aspirar a clasificarse para la Copa de la UEFA (y plantarse incluso en semifinales), la Champions o una final de Copa. Y citamos estos tres ejemplos porque son objetivos que Osasuna ha logrado en los últimos años.
Dicho de otra manera: un club como Osasuna existe para estar en Primera (si no permanentemente, sí de manera asidua). Lo contrario es vivir en una frustración permanente.
La filosofía
6. Cantera de Segunda
La estructura de Osasuna se sostiene por los ingresos de club de Primera. El proyecto de cantera de Tajonar se tambalearía con un descenso, por no hablar del buitreo que sufriría a todos los niveles por parte de los equipos de Primera.
El seguimiento
7. Televisión, la justa
En Segunda no hay pay per view , por lo que los aficionados sólo verían a Osasuna cuando quisieran Canal+ (que tiene 22 equipos a los que contentar) y ETB-1 (que debe atender también a la Real Sociedad y que, por gasto y logística, prefiere retransmitir los equipos de casa que los de fuera).
Volver a esa época de seguir los partidos de Osasuna exclusivamente por la radio -y esperar por la noche un par de horas ante la tele para ver en medio minuto los goles, sin repeticiones ni moviola de jugadas conflictivas- puede ser bonito para algún nostálgico, pero para el grueso de la afición sería otro motivo más para deprimirse.
Las reacciones
8. Darle en el morro a los 'amigos'
Otro gran motivo para seguir en Primera es evitar el choteo de amigos del alma como buena parte de las aficiones de determinados equipos vecinos que no vamos a nombrar pero que quien más quien menos se puede imaginar. Y qué decir del placer que supondría darle en los morros a esa prensa madridista -con el inefable Tomás Roncero a la cabeza- que llama a El Sadar el Infierno del Norte, habla cada año del petardo de Buyo y que, en general, no nos puede aguantar.
Lo subjetivo
9. El orgullo rojillo
El sufrimiento habitual de ser osasunista no es gratuito. Ni masoquista. La rojez se somete a ella para tener de vez en cuando alguna satisfacción deportiva. Y sacar pecho con ella. Y eso también es sólo posible en Primera.
Y lo más importante
10. El disgusto de la afición
Lo ponemos el último, pero sólo para que el rojillo que lo lea lo recuerde mejor: Osasuna debe lograr la permanencia para no darle el disgusto del siglo a la rojez. Y punto pelota.