pamplona. Suena paradójico, pero los mayores están cumpliendo el rol de sostén de la sociedad en tiempos de crisis al soportar diferentes "cargas" económicas y familiares pese a su debilitada situación de partida como colectivo menos integrado, más empobrecido y con menor participación en el espacio público, asegura María Luisa Carasusán, presidenta del Observatorio del Mayor, fundado en 2002 como foro de debate para analizar la situación del mayor, denunciar sus problemas y plantear propuestas a la comunidad. A la precariedad económica en la que viven los mayores se suma el paro y los recortes en el mundo laboral de sus hijos, "que acuden a comer a casa de los abuelos y dejan a sus hijos a la salida de la guardería o del colegio para que los cuiden sus padres". "Estamos viendo una nueva situación de dependientes de las personas dependientes", admite Carasusán.
Abuelos que, por otro lado, cobran pensiones mínimas y están agotando los ahorros de toda su vida para poder entrar en una residencia, por falta de plazas públicas, o en apartamentos tutelados. "Antes, los ahorros decíamos que eran para los hijos, ahora, el dinero es para los poderes públicos o para las entidades financieras que están detrás de los negocios de las residencias o de los apartamentos tutelados porque apenas hay centros públicos que, además, prestan mejor atención. Si no puedes pagar una residencia creas una deuda pública y cuando te mueres, venden tu piso y cobran lo que no has podido pagar mensualmente. Este sistema es muy duro", remarca.
Para empezar, "las pensiones tienen que subir mucho más", advierten. Una pensión agraria no llega a los 7.000 euros y las pensiones contributivas rondan los 350 euros al mes, por lo que más que hablar de crisis "estamos hablando de pobreza". Asimismo, hay muchas mujeres que no han cotizado después de "toda una vida trabajando como cocineras, maestras, costureras, limpiadoras y médicas, y que han contribuido a crear una sociedad mejor, pero cuando se casaban tenían que dejar de trabajar para cuidar a su familia". "Está bien que las viudas tengan un salario mínimo pero nos olvidamos de otras personas mayores", remarca.
Todas estas reflexiones se pusieron de manifiesto en el último taller que el Observatorio del Mayor organizó hace varias semanas sobre la crisis económica y la Tercera Edad, y en el que participaron representantes del ámbito social, ONG, sindicatos y los diferentes partidos políticos. En este foro se incidió en situaciones de discriminación social en torno a este colectivo. No es justo, como planteaba un ponente, que las medicinas sean gratis para un pensionista con una pensión de 1.800 euros, y también para una familia que tenga seis hijos y una renta per cápita inferior, traslada el foro en sus conclusiones.
El foro también se detuvo en la Ley de Dependencia, que no ha profundizado en el tema de la prevención, "aunque se ha mejorado la oferta de actividades para los mayores". Se ha potenciado que se concedan ayudas económicas frente a la creación de servicios, "que es lo que defendemos", critican que "las ayudas a las familias no crean puestos de trabajo y, por otro lado, no se supervisan". Las pensiones no son suficientes y las familias necesitan dinero, y más ahora en crisis, por lo que el dinero de la dependencia, no más de los 400 euros al mes -matizan- viene bien para "otras necesidades que no sean las de invertir en la atención a esta persona", y es la razón por la que no se contrata a cuidadores profesionales. Las necesidades del mayor deberían venir marcadas desde la Administración y no desde las familias, coinciden.
SAD La profesionalización de servicios permitiría además que los mayores recibieran una atención de mayor calidad. En este sentido, desde el Observatorio creen mejorable el Servicio de Atención Domiciliaria -de ámbito municipal-, ya que son muy pocas las horas de atención, no cubre festivos o fines de semana y, por otro lado, "al no ser suficiente el tiempo el servicio, éste es de baja calidad". "Las trabajadoras del SAD van a limpiar la casa, cambiar el pañal o hacen tareas de asistenta, pero no pueden formar al mayor a que sea menos dependiente, no le enseñan a hacer cosas", precisan. El SAD es visto como un servicio más económico y adecuado, y el modelo por el que apuestan otros países europeos, pero en Navarra se han "potenciado las residencias, que además no son para personas asistidas sino para válidas".
Este colectivo también cuestiona la negatividad de un sistema público que no tiene en cuenta el componente psicosocial del mayor, empezando por la asistencia sanitaria. "Es muy diferente un trastorno mental que una esquizofrenia que una demencia senil; debe haber centros de capacitación para que la persona pueda a fomentar la creatividad, y lo que sabe hacer, para que los problemas no se cronifiquen", apostillan.