UNO de los viejos déficits de Osasuna ha sido el del tratamiento dispensando a sus jugadores emblemáticos. Los futbolistas ejemplares deben ser patrimonio del club porque ellos personifican los valores intrínsecos que interesa conservar y difundir. Son la imagen que pervive en la retina de los aficionados durante años y la leyenda que se transmite de generación en generación. Son, en sí mismos, Osasuna. César Cruchaga deja el domingo la práctica profesional del fútbol -retirada suena a abandono y no es el caso- después de completar toda la trayectoria vital en las filas rojillas. Salvo el paréntesis en el Gavá, el defensa ha mamado de niño el osasunismo y lo ha predicado después en el campo, en el vestuario ("La fuerza de Osasuna está en el vestuario", ha repetido en más de una ocasión), en las comparecencias ante la prensa y cuando tenía que solventar y reconducir en privado cuestiones que afectaban a la plantilla. En todas esas situaciones hacía una defensa del club como institución y de la profesionalidad como principal activo del futbolista. Ha vivido Cruchaga desde un lugar privilegiado la etapa de más esplendor de la historia del club; ha padecido en sus carnes, también, el disgusto de una final de Copa del Rey de la que salió señalado. Pero demostró una enorme entereza para seguir adelante cuando le daban por acabado; serenidad cuando prefirió Osasuna a otras ofertas como la de la Real Sociedad; y capacidad de sufrimiento para soportar los dolores de una rodilla que le recordaba su edad y la dureza de las batallas libradas. Ha sido ese espíritu de superación el que le ha aupado para terminar su carrera jugando como titular y haciéndolo con solvencia, después de una temporada en la que tuvo que exponer su prestigio en partidos, como el de Bilbao, que le llegaban en mal momento y le dejaban malparado de forma inmerecida. Pero el fútbol le ha devuelto a Cruchaga todo lo que él apostó desde niño. Y Osasuna también ha acertado esta vez al demostrar agradecimiento en público a quien ha sido fiel a sus colores. Quizá aprendiendo de aquellos viejos errores que no brindaron a José Manuel Echeverría -el hombre que más veces se ha enfundado la zamarra rojilla- la posibilidad de cerrar su carrera en el campo porque las urgencias entonces eran otras; o a Javier Castañeda colgar las botas sintiéndose querido, respetado y valorado. El siguiente en la lista será Puñal o Josetxo y ojalá quien dirija en ese momento Osasuna sepa reconocer, en la hora de pasar página, su compromiso y su honestidad. Eso son valores que refuerzan el osasunismo. Como la modélica trayectoria de Cruchaga. A César lo que es de César.