"LOS ciudadanos no podemos seguir ni personal ni institucionalmente en silencio; no podemos seguir siendo súbditos callados, tenemos que pedir democracias reales, basadas en la justicia social y no en las leyes del mercado". Esta advertencia eligió Federico Mayor Zaragoza para concluir su conferencia La gran transición de súbditos a ciudadanos , pronunciada en la Universidad Pública de Navarra tras la presentación de la Cátedra Unesco el pasado abril. Con un contenido elaborado sobre la base de la necesidad de reorganizar la economía mundial a partir de la distribución y la justicia, más que desde las pautas del mercado carentes de regulación, Mayor Zaragoza defendió, para alcanzar acuerdos encaminados a la inclusión e integración de todos, el valor de la palabra, el diálogo y el respeto a la diversidad y la diferencia.
Posteriormente, también en Pamplona, ha habido dos acontecimientos perfectamente vinculables al consejo de aquella conferencia: la entrega del Premio Internacional Jaime Brunet pro Derechos Humanos 2008 al pensador alemán Jürgen Habermas y el Congreso sobre la Dependencia. El primero, como ejemplo de propuesta para participar socialmente en favor de los derechos ciudadanos; el segundo, como un presunto modelo antitético de la participación social.
Hay otras voces que acompañan a la propuesta de cambio social hecha por Mayor Zaragoza. Un ejemplo lo representa Santiago Niño Becerra, catedrático de Estructura Económica, quien ve necesario plantear profundas transformaciones en el modelo económico: la deuda acumulada por el actual modelo económico no se va a resolver con más deuda que sólo va a servir para ir tapando agujeros, porque una crisis sistémica como la actual así no va a poder taparse; va a ser necesario un plan determinado y no sirve creer que se trata de algo temporal y superable, pues lo peor está por llegar si pensamos en las hipotecas basura, los niveles descontrolados alcanzados por la economía financiera y las cifras de deuda privada desmesuradas e inasumibles, todo ello indicadores del agotamiento de un modelo económico cuya solución únicamente puede venir de la mano de importantes cambios en cuanto al modo de organización y producción, la manera de atender y entender la realidad social o los estilos de vida personales.
La voz de Habermas con su diálogo razonado representa otra de esas voces. Este octogenario sociólogo y filósofo alemán, uno de los principales representantes de la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt, recibió en la UPNA el Premio Internacional Jaime Brunet pro Derechos Humanos 2008, merecedor del mismo por su compromiso moral en defensa de la justicia y los derechos humanos y su apuesta por un nuevo paradigma de participación ciudadana basado en el diálogo razonado encaminado a la búsqueda del entendimiento entre todos. La posición de Habermas es crítica con la opinión pública cuando reivindica para ella su significado eminentemente democrático y perdido frente a la opinión manipulada. Su idea de acción comunitaria, asentada en la fuerza de la lingüística, es uno de los conceptos que él establece para estructurar la Teoría Crítica. Entiende Habermas que los universales o supuestos del habla (inteligibilidad para lo que se dice; verdad para las condiciones de existencia de lo que se dice; rectitud para atenerse a las normas aceptadas por todos; y, veracidad en cuanto a que lo que se dice debe ser lo que ciertamente se cree o piensa) son los que dan validez al mismo, al habla, para llegar al entendimiento comunitario, en tanto que sin ellos el lenguaje se convierte en parasitario, en un instrumento para engañar y manipular. En un contexto democrático de participación, debate y diálogo el entendimiento mutuo es posible, aunque pueden surgir perturbaciones que ponen barreras a las condiciones ideales del habla, de modo que ese contexto ideal resulta inaccesible y daña a la acción comunitaria. Parece ser que un ejemplo de esto último lo ha constituido el Congreso sobre la Dependencia.
Este congreso ha suscitado quejas por no haber tenido en cuenta a las asociaciones que trabajan la discapacidad en Navarra. Los argumentos de los descontentos, al margen de la contribución de los expertos participantes, han sido "desconsiderar a las asociaciones de dependientes y mayores a la hora de definir, organizar y concretar las aportaciones supone un error de bulto" y "se resta credibilidad científica y responsabilidad social a un congreso que siendo internacional empieza fallando por lo local", valoraciones que adquieren especial significado cuando, en opinión del actual presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, la calidad de vida del mayor pasa por el envejecimiento activo en lo físico, lo intelectual y lo social, de modo que la mejor forma de contener la dependencia viene de la prevención de las causas que la generan, el fomento de la autonomía personal y la creación de foros en los que las personas mayores puedan expresar sus vivencias y participar realmente.
En otros ámbitos de la vida social hay más ejemplos de lo mismo. Se habla en exceso de la inclinación al diálogo, de llegar a acuerdos que incluyan e integren a todos y respeten la diversidad y la diferencia; sin embargo, muchas veces, ¿en qué quedan esos afanes? Da la impresión de que todo ello no supone más que un cúmulo de elementos perturbadores que adolecen de enorme incapacidad para hacer realidad la participación ciudadana.