navarra ha acogido el 2º Congreso Internacional de Dependencia y Calidad de Vida. Tres días de análisis -con el lunar de la torpe exclusión de las organizaciones y asociaciones que trabajan en Navarra- sobre el papel de las personas mayores y de las personas dependientes, su capacidad de aportación a la sociedad, las necesidades de financiación, la importancia de organizar un sistema de prestación de servicios eficaz y eficiente y las posibilidades de uno de los sectores emergentes para la creación de empleo de calidad. Y la constatación real de que el Estado español está a años luz de la media europea en cuanto a aportación de recursos y mucho más lejos aún de países como Suecia o Alemania. La atención a la dependencia es una cuestión de justicia generacional y una realidad sociológica que afecta, en muchos casos, a personas con necesidad de apoyo humano, recursos económicos y atención social. Por eso, resulta insoportablemente ñoño y ridículo el desfile de las tres pretendidas primas donnas de la política foral -Barcina y Elma Saiz y Elena Torres-, aprovechando oportunistamente la clausura y, tras no asistir a ninguna de las sesiones, el reclamo de Letizia Ortiz, ante el desinterés general de la sociedad por una vacía pasarela. Las dos socialistas como sonrientes damas de compañía de Barcina, para mayor despropósito. Ya lo ha descrito perfectamente aquí Juan Kruz Lakasta como un intento grupal, foral, fatal, estomagante, de bodorrio, de emular el duelo reciente entre Letizia Ortiz y Carla Bruni. Fue peor. Ni el alcance del Congreso Internacional y menos aún la situación de crisis general daban lugar a tan burda exhibición de frivolidad.