pamplona. El Premio Príncipe de Viana de la Cultura ha ido a parar esta vez a un trabajador incansable de la música cuya obra siempre está en proceso. En construcción y experimentación constante. De hecho, Agustín González Acilu (Alsasua, 1929) dice que la música es arquitectura, y no sólo lo dice, si no que lo demuestra en su labor compositiva.
Precisamente eso es lo que ha valorado el Consejo Navarro de Cultura, que decidió ayer concederle el máximo galardón que se otorga en Navarra en este ámbito, en la que ya es la 20ª edición del premio. La noticia la hizo pública el consejero de Cultura y Turismo del Gobierno de Navarra, Juan Ramón Corpas, que estuvo acompañado de dos miembros del Consejo Navarro de Cultura, el poeta Daniel Aldaya y el barítono Iñaki Fresán. Este último ha sido el defensor de la candidatura de González Acilu que presentó la Fundación Ars Incógnita, y que se impuso a las de los otros cuatro aspirantes: el fundador y director del Taller de Teatro Escolar del IES Navarro Villoslada, Ignacio Aranguren; la asociación cultural Bilaketa, y otros dos profesionales del ámbito musical, Lorenzo Ondarra y Jesús Mª Muneta. "Ha habido apoyos muy importantes a todos los candidatos", reconoció ayer Corpas, quien dijo que lo que ha tenido en cuenta el Consejo Navarro de Cultura del premiado es "su trayectoria de varias décadas, una trayectoria sólida, reconocida; y su música, de gran rigor y honestidad".
una vida dedicada a componer Agustín González Acilu, cuya obra algunos estudiosos enmarcan dentro de la llamada Generación de 1951, seguidora de Stravinski y Bela Bartok, del dodecafonismo y la atonalidad, es además, según Corpas, un hombre "afable y accesible. Es una buenísima persona que para cualquier tipo de colaboración o cooperación con Navarra siempre ha estado abierta". "Un hombre de su altura artística es de una accesibilidad y sencillez como suelen ser las grandes personas", aseguró el consejero de Cultura. Iñaki Fresán, quien definió a González Acilu como "uno de los compositores españoles de música contemporánea más significativos de la segunda mitad del siglo XX", destacó que el mayor logro del galardonado es precisamente "haber podido dedicar toda su vida a la composición en un país como éste y en una generación totalmente difícil. Desde que decidió que iba a tomar un camino en la labor compositiva, no la abandonó jamás. Y sin someterse a las modas". González Acilu, en palabras de Fresán, es "un hombre que se mueve en los parámetros de la libertad y el rigor que él mismo se marcó al empezar en la música. Un hombre honesto con él y los demás, también crítico. Es uno de esos profesores que a todos nos gustaría haber tenido", añadió.
El defensor de su candidatura en esta edición del Príncipe de Viana reconocía ayer que no había tenido el honor de conocer en persona a González Acilu hasta hace pocos días, cuando mantuvo "unas charlas con él" en su empeño de implicarse de lleno en la defensa de su candidatura. "Ha sido para mí una experiencia excepcional escucharle hablar de su trabajo. Conociéndole un poco mejor, entiendo perfectamente que sus alumnos hablen siempre tan bien de él".
investigador Agustín González Acilu, quien recogerá el Premio Príncipe de Viana este verano en Leyre -todavía se desconoce la fecha de entrega del galardón- nació en Alsasua el 18 de febrero de 1929. Inició sus estudios musicales en su villa natal junto a Luis Taberna. Posteriormente se trasladó a Madrid donde transcurrieron sus años de formación académica en el Real Conservatorio Superior de Música. En 1960 recibió la Beca Carmen del Río de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, y en esa misma fecha realizó un trabajo de investigación por encargo de la Diputación Foral de Navarra sobre compositores navarros del siglo XVII.
Años después se integró en la vida musical europea, primeramente en París como becario de la Institución Príncipe de Viana y posteriormente en Venecia becado por el Gobierno italiano para participar como compositor en la Vacanze Musicali .
González Acilu ha definido su labor musical siempre con características personales, lo que ha llevado a los especialistas a considerarle como un compositor de firmes principios. Personalidades como Tomás Marco, Enrique Franco o el crítico musical Fernando Ruiz Coca han elogiado la labor del compositor de Alsasua en diversas ocasiones. También los premios son muestra de su importante labor. Ha ganado, entre otros, el Samuel Ros de 1962, por su cuarteto de cuerda Sucesiones Superpuestas; el Premio Nacional de Música en 1971 y el accésit a la mejor obra en la temporada de 1967-1968 por su obra Aschermittwoch . Además, destaca su labor pedagógica como profesor de armonía en el Real Conservatoria Superior de Madrid, como Profesor de los Cursos de Composición Técnicas del siglo XX en el Conservatorio Pablo Sarasate de Pamplona, y su labor de profesor invitado en los Cursos de la Cátedra Jovellanos de la Universidad de Oviedo, entre otros.