pamplona. Servicios eficaces y eficientes para los "escasos recursos" existentes. Avanzar en el desarrollo de la Ley estatal de Dependencia para compatibilizar calidad y sostenibilidad económica y, vinculado a ello, revisar el sistema de bienestar en su conjunto. Éstas son algunas de las conclusiones que se extraen de la primera jornada del II Congreso Internacional sobre Dependencia y Calidad de Vida que se celebra esta semana en el Baluarte. El presidente de Edad y Vida (fundación encargada del congreso), Higinio Raventós, señaló ayer que el "disparo" de la ley, en la que colaboró esta institución independiente que agrupa a entidades y a cuatro millones de personas mayores, fue "positivo", pero en el momento actual es "prioritario" que lo "técnico" prevalezca sobre los "político" para garantizar la viabilidad del sistema. La falta de cohesión territorial es otro de los elementos claves para cumplir el espíritu de la ley, opinan. Así, lo idóneo sería que un ciudadano en Pamplona dispona de una tarjeta sanitaria y de dependencia que le permita "viajar a otras comunidades del país y disfrutar de todo tipo de servicios". "Y este avance no sólo se consigue con la financiación pública, que principalmente es para los que no tienen recursos, sino que habrá que diseñar sistemas complementarios de financiación privada, con aseguradoras, entidades financieras y precios asequibles para personas que tienen que pagárselo de su bolsillo". La ley (dos años) no pretendía generar, como ha ocurrido, un sistema de "subsidios" o de "ayudas familiares", sino de "prestaciones profesionales, de servicios, en un marco claro y transparente, lo otro era un tema excepcional", precisa.
Por otro lado, desde Edad y Vida creen que el problema de cotizaciones genera un desequilibrio preocupante y, a la hora de afrontar soluciones, echan en falta un debate verdaderamente "técnico y sin miedo".
Es más fuerte a corto plazo la "repercusión" del cambio demográfico que el climático, admite, porque ya lo tenemos encima, pero "no hay conciencia de ello". "Hemos pasado del 5% de población mayor de 65 años al 25% (35% en 2050) y ello "significa un cambio estructural tremendo". "Cuando se hablaba de edad de jubilación a los 65 años, la esperanza de vida era de esa edad; y ahora estamos en 81 años, y seguimos con los mismos esquemas de pensiones. Ésto significa que hay que cambiar la organización entera y también probablemente la edad de jubilación", indica. Una niña que nazca hoy tiene ya una esperanza de vida de cien años y ésto significa "una revolución total desde el punto de vista de los presupuestos públicos y de la sostenibilidad del sistema, máxime teniendo en cuenta el endeudamiento de las administraciones", reitera. Hay países europeos como los nórdicos o Alemania donde se han creado "grandes fondos de ahorro complementarios a la propia financiación pública para prevenir tanto el tema de la dependencia como de las pensiones a largo plazo". "Pretendemos que nos lo paguen todo, pero es imposible". La sociedad también tiene pendiente un cambio de mentalidad. "La gran mayoría de los mayores son autónomos y tienen una calidad de vida estupenda. España tiene que potenciar el sector servicios para las personas mayores de aquí y europeos".