GERNIKA. El ya lehendakari Patxi López prometió ayer su cargo ante el Árbol de Gernika en la Casa de Juntas en un acto solemne y preñado de cambios en la fórmula y el protocolo con el que habían jurado sus predecesores José Antonio Aguirre, Jesús María Leizaola, Carlos Garaikoetxea, José Antonio Ardanza y Juan José Ibarretxe.
Como ya lo había anunciado, el nuevo lehendakari cambió la letra para asumir el cargo buscando que el mismo encajara en sus convicciones laicas y, al mismo tiempo, jubilando un ritual que considera anacrónico. Prescindió de toda la tramoya religiosa, aunque mantuvo en todo momento la fuerta carga simbólica del acto. Rehusó la presencia de la Biblia, el crucifijo y el juramento "ante Dios humillado" y los sustituyó por un ejemplar del Estatuto de Gernika y un texto basado en el tradicional, aunque con algunas variaciones, rompiendo así con una larga tradición de los lehendakaris nacionalistas.
Otro de los cambios notorios fue la sustitución de la referencia al pueblo (vasco) del juramento tradicional por la palabra ciudadanía.
Previamente a la promesa, en el interior del salón de plenos de las Juntas Generales. Patxi López asumió el cargo prometiendo "cumplir las obligaciones de mi cargo con lealtad a la Corona, al Estatuto de Autonomía de Gernika, y demás leyes vigentes", en una fórmula similar a la de sus predecesores.
Juan José Ibarretxe, el lehendakari saliente, entregó la makila a Patxi López en medio de una cerrada ovación de sus correligionarios y también de la bancada del PP, así como de buena parte de los invitados que atestaban el palco del plenario y la contigua sala de vidrieras habilitada para acoger a los invitados y medios de comunicación. Los miembros del tripartito acogieron con frialdad al nuevo lehendakari y no secundaron los aplausos, en respuesta al despreciativo adiós con el que despidieron socialistas y populares a Ibarretxe el pasado martes tras el anuncio de éste de que abandonaba la política.
El nuevo lehendakari estuvo bien arropado por los suyos en todo momento. Dentro y fuera del edificio foral, la representación socialista fue amplia y de muchos galones civiles, políticos y también militares. En el exterior, centenares de simpatizantes socialistas siguieron el acto desde la distancia, aunque algunos pudieron incluso estrechar la mano de su líder. En el interior, el edificio y sus aledaños se quedaban pequeños para albergar la nutrida representación política del PSE-PSOE, con la presencia estelar de dos viceministros, Manuel Chaves y María Teresa Fernández de la Vega, y de la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia. De las otrora maltrechas relaciones entre PP y PSE no hubo ayer ni rastro. La comitiva popular estuvo encabezada por la número dos del PP, María Dolores de Cospedal, y su presidente en la CAV, Antonio Basagoiti, flanqueados por numerosos dirigentes. El buen rollito entre los ahora socios se dejó ver durante toda la mañana con intercambios de impresiones continuos y en tono distendido.
La presidenta del Parlamento Vasco, Arantza Quiroga, condujo en todo momento a López hacia la culminación de su toma de posesión. Como manda el protocolo, la presidenta de la Cámara y los miembros de la Mesa acompañaron en todo momento al nuevo lehendakari. Por su parte, la nueva letrada mayor del Parlamento, Montserrat Auzmendi, levantó acta del acto en el primer día en el cargo, tras cesar la propia Quiroga a su antecesor, Eduardo Manzisidor, en lo que algunas fuentes consideran una purga en toda regla por su papel en el caso Atutxa .
Terminado el acto, un emocionado López, acompañado en todo momento de su mujer, Begoña Gil, y rodeado de los suyos abandonaba el recinto. Los populares, también en comandita hacían lo propio. Entraron juntos pero salieron cada uno por su lado. Fue otro gesto, quizá un presagio de un tiempo político apasionado y agitado en la ya de por sí inquieta escena política vasca. >d.n.