Editorial
Ibarretxe abre una nueva etapa
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| en este mismo espacio editorial se valoraba ayer la excepcionalidad del apoyo del PP a Patxi López para llegar a lehendakari y la transitoriedad de un modelo de pacto posible por un resultado electoral vinculado a la ilegalización de una parte de la sociedad. Hoy se trata de Juan José Ibarretxe. Y también se puede hablar de excepcionalidad, porque hoy puede calificarse de excepcional el hecho de que un político cumpla su palabra y se esfuerce por hacer realidad sus promesas electorales. Nadie, ni sus más inclementes críticos, le niega sinceridad, tenacidad, coherencia en la defensa de sus proyectos y sobre todo honestidad. Ibarretxe ha cometido, como todas las personas en su ámbito de vida, aciertos y errores, pero en su balance político, social, económico y humano de estos 11 años parecen pesar mucho más los primeros que los segundos. Incluso sus controvertidas propuestas de reforma del Estatuto de Gernika y de Ley de Consulta tuvieron un escrupuloso sello democrático. Y ello pese a que PSE y PP se han dedicado a un boicot radical de todos sus planteamientos, hasta el punto que trasladaron a la opinión pública la imagen de un Ibarretxe lunático, autista, terco, pérfido y filoterrorista. Basta leer y escuchar algunas opiniones de presuntos analistas y tertulianos partidarios -algo similar le ocurrió a Miguel Sanz, cuando tras romper con el PP fue objeto de las más variopintas descalificaciones- para ruborizarse con el alcance de la demagogia y el mal gusto. Queda un modelo de gestión que ha llevado a la CAV a un grado de desarrollo y bienestar que ni sus más acérrimos enemigos se atreven a negar. Y también la impecable actitud con todas las víctimas de la violencia y el discreto papel que aceptó asumir durante el último proceso de paz, renunciando incluso a su protagonismo institucional para dejar abiertas todas las puertas al fin de la violencia. Se retira uno de los activos políticos vascos de mayor envergadura. Y ello abre una etapa de transitoriedad en el PNV -en la oposición, pero con el aval del resultado electoral y la permanencia en el espacio de centralidad de la sociedad-, a la espera de consolidar un nuevo liderazgo social que dé relevo al empuje de Ibarretxe. En realidad, tras el 1-M, es el conjunto del nacionalismo institucional y del movimiento abertzale el que está obligado a abordar una reflexión sobre estrategias, objetivos, discursos, prioridades y liderazgos en función de los intereses y demandas de una sociedad del siglo XXI. |
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