vitoria.Patxi lehendakari . Fue el lema de campaña del PSE-EE en 2005 y en las autonómicas de marzo, y ayer se hizo realidad gracias al respaldo de los 13 parlamentarios del PP y el UPyD. Con un durísimo discurso, que el PSE-EE directamente calificó como de "portavoz de la oposición", centrado en reivindicar el triunfo electoral del PNV y en cuestionar la legitimidad social del nuevo Ejecutivo -"no es un acuerdo [PSE-PP] para construir, sino una cruzada para destruir"-, Juan José Ibarretxe cedió ayer en la sesión de investidura el testigo a un Patxi López que protagonizó una intervención muy centrada en apelar al consenso y el diálogo -"ésta es la mano del nuevo Gobierno tendida, que ofrece y pide colaboración, yo no la voy a retirar nunca"-, dirigiéndose especialmente al PNV, incluso directamente al propio Ibarretxe en dos ocasiones. Un Ibarretxe que replicó revelando que el PNV ofreció al PSE-EE en su ronda de contactos un acuerdo para formar un gobierno de coalición sin que su presencia fuera una condición sine qua non y que se erigió en el gran protagonista de la sesión confirmando que, efectivamente, abandonará la política activa.
Ambos candidatos dieron el tono de unas relaciones maltrechas, incluso demostrando que en lo personal les separan fallas que parecen insondables -"señor López, le mostraré el respeto y la consideración que ustedes no han tenido conmigo tras las elecciones"-, en una sesión rodeada de expectación pero en la que todo -o casi- estaba decidido de partida. Quizá por ello, ambos candidatos adolecieron en su discurso de falta de concreción a la hora de desgranar sus respectivos planes de gobierno. El Pleno de ayer, en realidad, marca la frontera entre 30 años de hegemonía nacionalista -los diez últimos a cargo de Ibarretxe- y el estreno de los socialistas en Ajuria Enea, más allá de constatar que, a día de hoy, la Cámara vuelve a dividirse claramente entre nacionalistas y no nacionalistas, 39 frente a 35, con Ezker Batua situado en la abstención.
Por ello, el nuevo lehendakari apenas dirigió su mirada a la bancada popular -a la que agradeció su "voluntad de diálogo" y cuya intervención, a cargo de Antonio Basagoiti, pasó de puntillas por la sesión-, para buscar con ahínco una complicidad con el resto de la Cámara, sobre todo con el PNV, que diluya su pacto de estabilidad con los populares , a quienes coló el compromiso de iniciar "una reflexión" sobre el "futuro del autogobierno", lo más parecido en su discurso a su promesa electoral de abordar una reforma estatutaria, de existir el consenso.
Pero Ibarretxe ignoró la mano de López -"es que esa mano la reconozco, es la que me han echado al cuello", replicó Joseba Egibar cerrando filas con su candidato- y se entregó con vehemencia durante un tercio de su discurso a reivindicar su triunfo electoral, cuestionar la legitimidad social de un Gobierno sustentado, apuntó, entre otras cosas en la ausencia -Ley de Partidos mediante- de la izquierda abertzale oficial, argumento tachado con cierto cansancio por el aspirante socialista de "retórica y demagogia barata".
el relato Dos modelos de país enfrentados, como reconocieron ambos candidatos, y un discurso, el del PNV, ante el que los socialistas se movieron como pez en el agua, pisando terreno seguro convencidos, reconocen, de que ese tono les escribe el relato de sus movimientos, es decir, justifica su acuerdo con el PP. Ibarretxe puso sobre la mesa el referente de 2001 y de Mayor Oreja, punto de partida a su juicio de una estrategia que culminó ayer, para evidenciar que estamos ante "un acuerdo de Estado para resolver un problema de Estado". "Todavía la cabeza del vasco, en sentido político, es un triunfo en España", espetó Egibar a López al referirse al mitin en el que el líder socialista tiene previsto participar este domingo en Madrid. El líder socialista rechazó el referente de Mayor Oreja y prefirió mirarse en el espejo de un Txiki Benegas que le siguió durante todo el día desde la tribuna de invitados.
Ibarretxe moderó la forma, que no el fondo, en su segunda intervención, para la que reservó el anuncio de su adiós a la política -aunque no retiró la candidatura, que fue votada-, adiós rumoreado y que termina por cerrar un ciclo político en Euskadi que abre una nueva etapa también para el PNV en clave interna. Quizá por ello el ajuste de cuentas con el que inició el debate y la reivindicación del valor de futuro de su legado político. El PSE-EE, por su parte, como alguien dijo ayer en los pasillos del Parlamento, "después de 124 años, ya era hora".