a revista francesa Paris Match , en un súbito ataque de inclinación monárquica -si no de humor negro-, se tiró ayer a la calle con un titular que hablaba de "la majestuosidad de Carla" a su paso por la corte de España. Por la corte de España o tal vez por el corral de comedias español, pues la palabra francesa cour tanto puede significar corte como corral o patio. De esa manera, la moderadamente reaccionaria revista parisién -igual de reaccionaria que todas las de su color, muy abundantes en España- cayó tan bajo como la prensa progresista de por aquí, que en días pasados no pudo evitarnos sus abundantes comentarios sobre la majestuosidad de la señora Sarkozy a su paso por el corral de comedias madrileño. Claro que una revolución, una de ésas que en España no se han visto -una como la francesa-, no se hace en balde y hasta la moderadamente reaccionaria cronista de Paris Match rezuma ironía republicana -quizá involuntaria- cuando comenta que los reyes -las estrellas mediáticas- de la república francesa no vieron necesidad de inclinar la cerviz ante los monarcas españoles ya que, aparte de no exigirlo el protocolo, su simpatía e "inclinación natural por la nación española" excusaba cualquier otra demostración. Ironía republicana aparte, voluntaria o involuntariamente la moderadamente reaccionaria crónica rosa -francesa, española o italiana, pues la prensa del país de Berlusconi también ha seguido con atención el episodio madrileño de su "majestuosa" paisana- sitúa las cosas donde están: en un escenario de opereta vienesa -ciertamente ambientada en Madrid- a la medida de las reinas de la belleza que imperan en la prensa del corazón y de los napoleones populistas que triunfan en estos mediáticos y neomonárquicos tiempos -por lo que de desprecio hay en ellos hacia los valores de la Revolución Francesa-. Dice la verídica crónica rosa que en las encantadores veladas vividas en Madrid sonó el Pan y toros de Barbieri. Y en vísperas de un Barça-Madrid, "pa que no falte de na".