la capital ribera amaneció ayer con dos cielos nuevos: Uno azul y soleado después del jarreo del día anterior, y otro recién pintado por el artista Tomás Muñoz y estrenado por Diego Hernández, el protagonista de la Bajada del Ángel de este año. La ocasión merecía el multitudinario respaldo de las miles de personas que asistieron al acto central de la Semana Santa tudelana cuando un niño alado desciende por una maroma hasta la imagen enlutada de la Virgen y le anuncia que su hijo ha resucitado. Diego cumplió a la perfección la difícil encomienda y se desveló como el primer Ángel zurdo que se recuerda. Se santiguó con la mano izquierda, lanzó los aleluyas con la siniestra y volvió al templete con el manto negro de la madre de Cristo en el hombro derecho. Anécdotas de una ceremonia que había comenzado de madrugada, en el domicilio de Ana María Arregui y Miguel Ángel Vallejo, el lugar que cada Domingo de Resurrección se transforma en un rincón celestial en la Tierra donde, tras el griterío del desayuno en el que se dan cita los ángeles de años precedentes, se cumple el rito de convertir a un crío en un ser con alas y coronado.
Patxi Gambra y Goyo Terrén se encargaron de colocarle el corsé del que, posteriormente, cuelga el niño en la maroma. "Si te hace daño, lo dices, mueve la cabeza, levanta los brazos". Todo perfecto hasta que, por evidente razón de nervios, cayeron en la cuenta de que no le habían puesto la camiseta que va bajo la túnica. "Le dejamos que se vista él solo que lo hará mejor", bromeó Terrén. Miguel Ángel Vallejo siguió con el buen humor apostillando: "No pasa nada, si tenemos que salir a las diez, pues a las diez salimos". Por su parte, Ana María Arregui culminó la transformación colocando la corona. A quince minutos de las nueve de la mañana, Diego pisó la calle de camino a la Casa del Reloj, con el semblante serio y acompañado de su padre, Gerardo Hernández.
momento clave
Se abren las puertas del cielo
En la Casa del Reloj esperaban los encargados de mover la maquinaria que hace posible que el Ángel se deslice hasta llegar a la imagen de la Virgen. Antes de colgar al niño de la cuerda, bajo lo que simula una nube, se vivieron, como en cada edición, los momentos más tensos de la mañana. "Ahora sí que estoy nervioso", reconoció Gerardo Hernández antes de perder el habla definitivamente. Cuando la voz del periodista tudelano Jesús Marquina relatando por megafonía el evangelio se oyó en el interior del templete, empezaron las llamadas a la calma. "Tranquilidad, todos tranquilos ahora". Abajo, en la plaza, miles de rostros esperaban expectantes que se abrieran las ficticias puertas del cielo. Y así fue. Diego Hernández salió entre aplausos suspendido en el aire. Le costó un rato santiguarse por primera vez y movió los brazos en un vuelo suave hasta cerca del quiosco donde debió recordar que debía lanzar aleluyas. Lo hizo en una ocasión antes de llegar a la imagen enlutada, instante en que un atronador silencio se hizo sobre la plaza.
"Alégrate, María porque tu hijo ha resucitado", gritó Diego. Quedaba pasar la prueba de fuego de retirar las horquillas que sujetan el velo sobre el cabello de la Virgen y sujetar el pañuelo con la boca y lanzarlo al hombro. No hubo problemas y entonces, sí, estallaron los aplausos y volaron palomas blancas. En la Casa del Reloj quedaba mucho por hacer. El sistema de poleas era movido con fuerza por los carpinteros, responsables de devolver a Diego al punto de partida. Como siempre, a la llegada del niño al templete arreciaron los gritos: "Los pies, cuidado con los pies". El Ángel flexionó las piernas y entró limpiamente en el edificio donde le esperaba su padre sin poder contener la emoción. "Muy bien, Diego, enhorabuena. Lo has hecho muy bien".
estreno
La restauración del templete
La Bajada del Ángel de 2009 se recordará como la del año en el que Tudela estrenó templete. La restauración del mismo ha sido obra del profesor de Escenografía de la Escuela Superior de Arte y Arquitectura de Bellas Artes de Madrid, Tomás Muñoz Asensio, hijo del pintor tudelano César Muñoz Sola y pregonero del Volatín el pasado sábado. La reforma de esta parte imprescindible de la ceremonia (que se incorporó al acto en 1823) ha supuesto un gasto de 29.648 euros. La pintura que hasta ahora se podía ver en la bajada databa de 1937. La primera vez que el Ángel salió de un templete fue en 1823 (antes salía de unas cortinas desde el Ayuntamiento, en la plaza Vieja).