Editorial
Buscando una salida
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| ARA ningún observador de la política española era un secreto que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se encontraba en una encrucijada crítica que requería alguna iniciativa, la que fuera, para que se visualizase un golpe de timón para la salida de la crisis. Eran necesarios relevos en el Gobierno, y relevos de gran calado. Como ha llegado a ser habitual en la práctica política de este Ejecutivo, los planes del presidente han llegado de forma atropellada, filtrados -quien sabe si intencionadamente- y provocando una crisis añadida a la crisis esperada. No obstante, Zapatero ha sido suficientemente previsible para anunciar lo que ya era conocido casi de forma exhaustiva. Así que no ha habido margen para grandes sorpresas y cinco ministros caídos en desgracia quedan fuera de la lista: Pedro Solbes y sus agotamientos, Magdalena Álvarez y sus infraestructuras caóticas, César Antonio Molina y sus pugnas con Miguel Ángel Moratinos por la acción exterior, Mercedes Cabrera y su desconocida labor en Educación, y Bernat Soria y su inútil gestión científica en un departamento sin competencias. Ministros, alguno flor de un año, que Zapatero ha sustituido por otros nombres y por otros ministerios más o menos refundidos pero sin que, a primera vista, pueda atisbarse la catarsis que la situación requiere. Porque la permuta de nombres no significa per se ningún cambio de rumbo, especialmente en la política económica, ámbito en el que Elena Salgado tiene todo por demostrar. Zapatero, más por errores propios que por aciertos ajenos, siente el aliento del PP en el cogote, oteando un fracaso en los comicios europeos a la vista. Perdida Galicia, ganada la CAV de manera precaria, ha optado por intentar evitar el desastre rescatando a Manuel Chaves para la política nacional y, encomendándole la correosa solución de la financiación autonómica en Cataluña, resolver su muy particular problema de la sucesión interna en Andalucía. Llevándose de paso al férreo José Blanco como lugarteniente en el Gobierno sin descuidar por ahora Ferraz, donde sigue abierta la caza de brujas por la filtración que echó a perder el protagonismo de Zapatero en la Cumbre de Estambul. El riesgo en el que ha incurrido Zapatero es que, si como apuntan los sondeos Mayor Oreja triunfa en las elecciones de junio, el Gobierno saliente quede marcado por la derrota a la primera de cambio. |
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