E animan a escribir estas líneas algunos compañeros de fatigas. Lo hago remontándome al comienzo de esta historia. Desde el primer momento la propuesta de Guenduláin fue un error urbanístico importante. Quienes nos hemos dedicado a gestionar nuestros pueblos, conocemos las dificultades que hay para sacar adelante unas actuaciones que tienden a completar y a mejorar esas partes de la Comarca que heredamos de los años 60 y 70. Aunque se ha avanzado bastante en los últimos años, todavía queda mucho por hacer, por seguir completando y mejorando nuestros barrios y pueblos. Por eso la apuesta por Guenduláin, desde el comienzo, era una apuesta equivocada. No sabemos muy bien qué fue antes, si el huevo o la gallina. Tampoco se sabe muy bien si fue una propuesta de los promotores o fue una propuesta que el Gobierno presentó a los promotores. Seguramente que a ambos interesaba una operación tipo Guenduláin, ya que a los beneficios inmobiliarios se sumaría la puesta en el mercado de Viviendas de Protección Oficial. Además, si de un plumazo se ordenaba suelo para quince o veinte mil viviendas, se podría argumentar la ineficacia de los ayuntamientos en sacar adelante sus propios planes. Por eso, Guenduláin podría seguir engordando a la gallina de los huevos de oro.
Uno de los argumentos que se esgrimieron fue que se trataba de una operación inmobiliaria a largo plazo, simplemente una reserva de suelo. Pero, ¿es posible creer que el sector inmobiliario de Navarra estaba tan capitalizado como para hacerse con unos terrenos (o derechos urbanísticos, que viene a ser lo mismo) para utilizarlos a largo plazo? Ya sé que existen fórmulas de financiación y que la caja ha tenido bastante que ver en ello. Y si aun y todo la idea hubiese sido la de obtener una bolsa de suelo a largo plazo, ¿qué prisa había en comprar un suelo a precio de mercado cuando con la nueva Ley del Suelo de Zapatero se iba a poder expropiar a un precio muy inferior al que se pagó? Son bastantes las preguntas que nos hicimos y que nos hacemos en cuanto a la dudosa conveniencia de plantear la operación Guenduláin ni siquiera como reserva a largo plazo.
Y ahora que la clueca de los huevos de oro lo que incuba no es precisamente unos buenos resultados, llega el granjero salvador y nos propone que todos nos quedemos con Guenduláin para echar una mano a los promotores que, aunque cumplan una función social importante, tampoco creo que nos hayan repartido los dividendos en época de vacas gordas. El argumento que se está utilizando para ayudar a los promotores de viviendas con fondos públicos consiste en decir que con esa inyección económica van a salvarse unos cuantos miles de puestos de trabajo. Pero mucho me temo que los recursos públicos van a servir para dar algún respiro a algunos promotores y a las entidades financieras para que puedan hacer frente a otros agujeros que se están formando en las empresas como consecuencia del frenazo inmobiliario. Algunos promotores se verían aliviados, sin duda, pero eso no se va a traducir en la creación de nuevos puestos de trabajo ni en evitar la destrucción de los existentes. Además, ¿Guendulain no era una operación a largo plazo? Alguien que se metió en una operación a largo plazo no necesitará ahora, con tanto apremio, los recursos que invirtió. Cualquier asesor económico aconseja invertir a largo plazo con los recursos que no se necesitan a corto plazo. Por eso no se entiende lo que pasó, salvo que no hubiera una verdadera intención de constituir una reserva de suelo a largo plazo.
Creo que el tipo de medidas que habrá que impulsar para reactivar el sector de la construcción en este momento no pasa por Guenduláin, mucho menos en hipotecar parte de los recursos de todos los navarros con un suelo con clara vocación cerealista. Hay que olvidarse de Guenduláin y echar el resto en actuaciones que rematen las partes incompletas de la ciudad y de nuestros pueblos, aunque ello exija un mayor esfuerzo político y de gestión. Hay que buscar nuevas soluciones que nos ayuden a paliar la crisis inmobiliaria y de construcción que se ha sumado a la crisis económica mundial. Sí habrá que buscar líneas de actuación que ayuden a sacar adelante las viviendas construidas y sin vender. Sí habrá que seguir pensando en la construcción de viviendas de VPO de iniciativa pública y privada. Sí hay que seguir impulsando la obra pública, la mejora de nuestros pueblos y barrios, la mejora y nueva construcción de equipamientos urbanos... Pero no hay duda de que la solución no pasa por ahogar a futuras generaciones para salvar a una parte del sector inmobiliario. Esa parte del sector inmobiliario que no supo ver las consecuencias de la compra de los terrenos de Guenduláin deberá asumir sus consecuencias económicas de la devaluación de su patrimonio de suelo, ya que hay que estar a las duras y a las maduras, y ahora tocan tiempos de austeridad.
Y no admito que se relacione tan directamente la recompra de Guenduláin con la pérdida o recuperación de unos miles de puestos de trabajo. Que las empresas vean sus patrimonios más o menos devaluados, en el momento actual, no tiene que ver con la capacidad de iniciar nuevas edificaciones. Si hoy día no se inician nuevas promociones de viviendas se debe a que no se ve una salida fácil a las mismas, lo cual no tiene una relación directa con el valor del patrimonio de las empresas de promoción de viviendas. Me da la impresión de que con la recompra de Guenduláin no van a salvarse esos miles de puestos de trabajo, sino que se va a echar una mano a algunos balances de algunas empresas y a alguna entidad bancaria que nos toca de cerca.
Por lo anterior, termino estas notas con el encabezamiento de este artículo. Guenduláin no tuvo que haberse planteado nunca, ni ahora tampoco, ni por razones urbanísticas ni como fórmula de gestión del suelo. Ahora, si hay que reconsiderar todas las políticas públicas como consecuencia de una nueva situación económica general, habrá que hacerlo. Pero la solución no pasa ni por seguir avanzando con Guenduláin como nuevo desarrollo, ni por recomprar los terrenos, ni porque Vinsa ni ninguna empresa pública se implique en la compra de esa finca. Los esfuerzos públicos deben dirigirse a garantizar el acceso a la vivienda, impulsando la construcción de viviendas de VPO. También deben dirigirse a la gestión de suelo en los entornos urbanos y a la mejora de nuestros pueblos y barrios. Y hay que tener cuidado con utilizar la demagogia de la pérdida de puestos de trabajo, cuando ello puede ser simplemente un anzuelo que los más interesados han podido lanzar.
Espero que Guenduláin duerma el sueño de los justos y que no nos traguemos el anzuelo.