Domingo 15 de marzo de 2009 EL TIEMPO En Pamplona  Máx: 25º Mín: 12º
Suplementos Servicios FOROS CLASIFICADOS OSASUNA AGENDA
EL PERIÓDICO DE TODOS LOS NAVARROS
OPINIÓN SOCIEDAD POLÍTICA VECINOS ECONOMÍA DEPORTES MIRARTE
Navarra España - Mundo
Otra vida es posible
Unos lo llaman urbanización descentralizada y otros, la utopía vital del siglo XXI. La búsqueda de la calidad de vida y de modos alternativos de habitar este planeta atraen a personas de todas las edades y estratos sociales. Éstos son cuatro ejemplos de apuesta por el mundo rural
enviar a un amigo versión para imprimir texto normal texto medio texto grande

U NA familia que busca un lugar lejos del trepidante ritmo de la ciudad para criar a su hijos, dos hermanos que apuestan por el contacto con la naturaleza, un joven que decide no dejar el pueblo de sus padres y una mujer que elige vivir en comunidad. Todos tienen en común el haber aceptado el desafío de intentar vivir mejor.

rafael echeverz y lucía ríos

De Madrid a Amaiur: "Aquí todos los vecinos están pendientes de los niños"

Rafael Echeverz y Lucía Ríos dijeron adiós a Madrid hace cuatro años. El frenético ritmo de la ciudad, incompatible con el modelo de crianza que planeaban para su hijo, fue el principal argumento que les hizo abandonar la capital, en la que habían vivido más de 10 años, y trasladarse a Baztan. "Lucía y yo nos hemos criado en pueblos pequeños y veíamos que tanto nuestro barrio como el resto de Madrid era un caos para educar a un niño; además, el ritmo de trabajo que llevábamos hacía previsible que no dispusiéramos de tiempo para estar con él, pasear, desarrollar actividades... en Madrid, eso hubiera sido imposible", explica Rafael.

Y ello pese a que la pareja no tenía que padecer una de las mayores torturas del urbanita: ver como los medios de transporte devoran gran parte la jornada. "Nuestra casa estaba cerca del trabajo y yo, por mi profesión, soy técnico de iluminación de teatro, viajaba por todo el país y sigo haciéndolo, así que ese no era el problema", apunta. La clave para ellos era otra: la búsqueda de la calidad de vida. "Madrid te absorbe, sales a la calle y en diez minutos te pones atacado, ya sea por el tráfico, el ritmo al que se mueve la gente, porque no tienes una zona para disfrutar con tranquilidad. Todo se desarrolla a más velocidad", apunta.

Un lugar pequeño para vivir y educar a los hijos, ése era su sueño. "Queríamos salir y nos daba igual dónde, pero teníamos claro que deseábamos instalarnos en el norte. Los orígenes de Lucía están en Galicia y los míos, entre Navarra y Venezuela, así que decidimos buscar un lugar a mitad de camino: Asturias, Cantabria... Miramos casas antiguas para comprar y restaurar, pero entonces surgió la oportunidad de hacernos con la gestión del Molino de Amaiur y eso facilitó las cosas ", recuerda Rafael.

La pareja presentó un proyecto, que finalmente resultó elegido. Una idea muy alejada de la actividad que habían desarrollado hasta entonces en Madrid. Su propuesta permitía combinar la explotación del edificio como casa rural y la recuperación de la actividad del molino. "Y eso es lo que hemos conseguido cuatro años después: la casa rural funciona, está bien posicionada en Internet, y hemos recuperado la molienda tradicional, de hecho vendemos talos los fines de semana, además, organizamos actividades para centros escolares, incluso en coordinación con una hípica", subraya con satisfacción, antes de aclarar que nunca se plantearon comprar un adosado cerca de Madrid para vivir en un entorno más natural. "Residir a 40 kilómetros de la capital supone emplear una media de cuatro horas diarias en traslados, por eso dijimos: Si nos movemos de Madrid, será para irnos muy lejos".

La vida de Rafael y Lucía, enfermera de profesión, ha dado un giro completo y sus retos son ahora muy diferentes a los que tenían cuando residían en la capital. "Nuestra ilusión es tener una propia huerta ecológica para autoconsumo y venta, también recuperar la semilla del maíz de toda la vida", apunta él. "Todavía hay caseríos que la conservan y cultivan, pero con una producción tan pequeña que casi se ha perdido en Baztan. Nosotros queremos intentar producir harina ecológica", asegura, olvidados ya los ruidos, la contaminación y las prisas de la gran ciudad.

Pero, ¿cómo un coordinador técnico que ha trabajado casi toda su vida en el sector cultural y una profesional sanitaria se convierten en molineros de la noche a la mañana? "Estamos aprendiendo día a día, leemos libros sobre horticultura, molinología y, además, nos hemos preocupado mucho de ampliar nuestros conocimientos sobre la molienda e incluso de conocer anécdotas del pueblo", explica.

De esta labor de formación no han excluido los métodos tradicionales de aprendizaje. "Charlamos con los viejos del pueblo. Ha sido un gran esfuerzo que confíen en nosotros y ahora estamos encantados porque, poco a poco, hemos logrado formar parte del día a día de la vida de Amaiur, donde hemos encontrado un grupo de vecinos interesados en impulsar iniciativas en favor de la cultura, el turismo..."

Rafael ve pocos inconvenientes en la vida rural. "Quizás algún día te aburres, pero te vas a dar un paseo y ya está. Eso sí, echo de menos tener a más a mano una oferta de cines y teatros, aunque el Baluarte, el Teatro Gayarre y las salas de Irún y Donosti siempre están ahí. No añoro nada más de la ciudad".

Cuando la pareja pone en una balanza las ventajas y los inconvenientes de la vida en el agro, ésta se inclina claramente del lado de las ventajas, especialmente en lo que se refiere a calidad de vida. "Y más -añade Rafael- si pensamos en éste es un entorno libre de contaminación social. Aquí sabes que aunque dejes los niños en la calle cualquier vecino les va a llamar la atención si hacen algo mal y va a estar pendiente de que no corran ningún peligro. Eso en Madrid es absolutamente impensable, hasta el punto de que no tengas confianza con ningún vecino de tu edificio para que se quede con los niños media hora".

El día a día de Rafael y Lucía, ambos de 39 años, se desarrolla ahora tan pegado a la naturaleza que decidieron que su hijo naciera en casa con la ayuda de una matrona de Amaiur. "Una experiencia maravillosa", describe el padre del niño. "Ya lo habíamos intentado con nuestro primer hijo en Madrid, pero allí no encontramos a la persona idónea. Cuando vinimos a Baztan dimos con una chica que nos orientó, nos explicó los pros y los contras, y al final nos animamos"."Nos hemos adaptado muy bien a la vida rural y nos encanta -resume Rafael-. Nuestros hijos juegan con vacas, cerdos, ovejas... es lo que buscábamos aquí y no el objetivo de ganar dinero", concluye.

iñaki olagüe

Jauntsarats, el pueblo de sus padres: "Gasto 200 euros al mes en carburante"

"Resido en Jauntsarats, el pueblo de mis padres, pero mi vida no tiene nada que ver con la que han llevado ellos o mis abuelos, ni por el tipo de trabajo ni por la forma de disfrutar del tiempo de ocio", explica Iñaki Olagüe, de 27 años, uno de los cada más numerosos jóvenes que optan por permanecer en el campo sin renunciar a las posibilidades que brinda la ciudad. "A diferencia de ellos, yo no trabajo en la agricultura o la ganadería, sino en una fábrica a pocos kilómetros de Pamplona, y para divertirme también me acerco a la capital: hago más vida en la ciudad que en el pueblo".

Pese a su estilo de vida pseudourbano , defiende los atractivos de su valle. "A mí lo que me llama es la tranquilidad de mi pueblo, despertarme y contemplar el verde, me agobiaría en un piso cerrado en Pamplona. No quiero salir a la calle y sufrir el incesante tráfico de vehículos y el agobio de la ciudad". El apego por su pequeña y agradable localidad, situada en pleno valle de Basaburua, le ha llevado a abrir un alojamiento rural, Casa Martikonea.

A pesar de que no descarta que de aquí a unos años haya un exceso de oferta de casas rurales, un fenómeno que ya comienza a percibirse en el resto del país, confía en el éxito de su negocio. "Ahora se llena todo, la naturaleza atrae, pero no sabemos qué pasará en un futuro. No creo que la casa rural por si sola dé para vivir, por eso conservaré mi empleo en BSH".

Aunque entre los urbanitas que dan la espalda a la ciudad el turismo rural se presenta como una atractiva forma de ganarse la vida en un nuevo entorno, Iñaki no los considera como una forma de competencia desleal. "Si lo ven como una buena opción, adelante. Tengo claro que yo no voy a quitar a nadie su sitio ni me lo van a quitar a mí, pero yo cuento con ventaja respecto a los que no conocen el mundo rural".

El precio que debe pagar por vivir en un pueblo es una exagerada dependencia del automóvil. Iñaki recorre a diario los 34 kilómetros que separan Jauntsarats de Esquiroz, su lugar de trabajo. "Me cuesta 25 minutos, pero hay compañeros de Burlada o la Chantrea que tardan 20 minutos si el tráfico es intenso, así que no es cuestión de tiempo pero sí de gasto en carburante, unos 200 euros mensuales, y de necesitar un vehículo fiable. Ese es el mayor lastre de vivir aquí". Además, a Iñaki le gustaría poder solucionar más asuntos por Internet, una de las demandas más extendidas en el ámbito rural. "Hay demasiados asuntos que se deben tramitar en persona, lo que obliga a desplazarse a Pamplona", se queja.

julen e iñigo puncel

Dos hermanos en el pequeño Usún: "Trabajar en Pamplona mata los valles"

Catorce habitantes. Usún, a unos 40 kilómetros de Pamplona, forma parte del municipio de Romanzado y hasta este lugar se trasladaron hace 16 años los hermanos Julen y Iñigo Puncel, vecinos del pamplonés barrio de la Chantrea hasta que decidieron lanzar un órdago a la ciudad para comprarse y rehabilitar sendas casas a 40 kilómetros de la capital. "No buscábamos una vivienda más barata, de hecho, estamos invirtiendo mucho en las nuestras, deseábamos tranquilidad, tener huerta propia, estar en la naturaleza, en definitiva una forma diferente de gestionar nuestra vida", explica Julen.

Para este joven, vivir en un pueblo, más que una decisión de orden económico, "es una opción personal". Por ello, ve como estimulantes retos lo que algunos consideran contrariedades. "En el pueblo la gente me pregunta si me aburro. Si como forma de disfrutar se concibe sólo ir al bar, al cine o a un centro comercial, un pueblo como éste puede resultar aburrido, sin embargo, aquí siempre hay algo que hacer: partir leña, atender la huerta y a los animales...".

Una vida dura para algunos. "Dura o bonita, según se mire", matiza. "La gente viene en primavera, cuando éste es un paraje idílico, junto a la Foz de Arbayún, pero luego llega el invierno, nieva y todo se complica". A esto se añaden un rosario de contrariedades que Julen asume con actitud positiva. "Debes desplazarte para hacer la compra, trabajar se convierte en un engorro, las cosas para reciclar las tenemos que llevar a Pamplona, estamos obligados a tener la despensa llena porque si se nos acaba la leche, por ejemplo, no podemos bajar a la tienda", enumera. "Si necesitamos calor -añade- encendemos el fuego, pero eso requiere haber partido leña, limpiar las cenizas cada tres o cuatro días, tirarlas a la huerta... en Pamplona enciendes la calefacción y ya está. Aquí todo es más complicado, la cosa es hacerte".

El joven está dispuesto a realizar sacrificios si ello supone reducir la dependencia de la capital y revitalizar Usún y su entorno. "Tenemos el núcleo de Lumbier para hacer compras, aunque los productos son más caros, algo lógico si tenemos en cuenta que también los comerciantes sufren dificultades, pero le estás dando el dinero a tu vecino y no a una multinacional, que no sabes ni dónde va".

"Residir en un pueblo y trabajar en Pamplona está hundiendo los valles -avisa-. Los pueblos cercanos a las ciudades están llenos de gente pero no tienen vida. Sus vecinos, algunos porque no tienen otro remedio, obtienen los ingresos fuera y sólo acuden a sus casas a dormir. Eso mata la vida del pueblo", lamenta. "Hay personas que sólo quieren un jardín para disfrutar el fin de semana, un lugar idílico, por eso les molestan los animales, que hacen ruido, manchan... Eso no es vivir en el campo. Lo ideal sería poder ganarse la vida en el pueblo o sus alrededores y así se fijaría la población, para ello la Administración debería dar más facilidades", subraya.

Vivir en y del campo es algo que Julen y su hermano están intentado con la próxima apertura de una casa rural, asimismo su compromiso con la ecología les ha llevado a abrir una empresa, Bioklima Nature, dedicada a comercializar productos naturales para la construcción. "Cuando comenzamos a levantar nuestras casas queríamos aislarlas con lana de oveja, una fórmula que yo conocí en Nueva Zelanda, pero tuvimos que importar el material de Alemania, lo que va en contra de los criterios de sostenibilidad, así que pusimos en marcha la empresa, la única del país que fabrica este aislante, confeccionado con fibra natural y con una gran capacidad para mantener las casas frescas en verano y calientes en invierno".

Mabel cañada

Ecoaldea de Lakabe: "Si el Gobierno quisiera echarnos, pelearíamos"

"Una ecoaldea es un asentamiento humano, concebido a escala humana, que incluye todos los aspectos importantes para la vida, integrándolos respetuosamente en el entorno natural, que apoya formas saludables de desarrollo y que pueda persistir indefinidamente". La definición es de Robert Gilman, uno de los principales impulsores de las ecoaldeas a nivel internacional.

Lakabe, en el municipo de Arce, está considerada como la decana de las ecoaldeas -fue creada en 1980- y supone por su combatividad y longevidad, una suerte de eslabón perdido entre las comunas ligadas al hippismo o los movimientos contraculturales de los años 60 y las actuales comunidades. Mabel Cañada es una de las pioneras, pertenece a esta ecoaldea desde su comienzos, cuando un grupo de personas ocupó el pueblo, propiedad del Gobierno de Navarra, para rehabilitarlo. "Estaba totalmente abandonado. Nuestra filosofía era que los pueblos se estaban muriendo y queríamos darles vida", explica sobre su decisión. El balance tras estos 29 años es positivo. "Hay varias ventajas en esto de vivir en un pueblo, entre ellas, se pueden desarrollar cualidades de largo alcance y estar muy impregnado por la vivencia directa con la tierra. A mí personalmente me parece que permanezco más cerca de la realidad, de lo que es este planeta, de la humanidad...".

Mabel nació en Bilbao hace 56 años. "No es una ciudad tan grande como Madrid o Barcelona, pero todas ellas son espacios en los que la ausencia de la naturaleza crea un handicap , un vacío que no se llena aunque se vaya al monte los fines de semana. Lo que me ha dado el campo, el ritmo de la tierra, lo he podido trasladar a mi forma de estar en este planeta y me facilita la comprensión de lo que como humanidad estamos llamados a realizar".

Además de residir en un pueblo, ella eligió vivir de una forma no convencional, en comunidad, con una estructura colectiva de toma de decisiones. "Vivir así llena otra parte de la persona: la de las relaciones sociales. A mí me da una dimensión del ser humano y de cómo podemos transformarnos para ser una humanidad realmente humana. Eso es lo que estamos experimentando aquí".

Los sistemas de toma de decisión en Lakabe, donde sólo hay un teléfono y los vecinos desayunan y comen juntos, son horizontales. La comunidad, compuesta en la actualidad por 30 miembros, trata en una asamblea semanal las grandes cuestiones: el uso de energías renovables, la sustentabilidad alimentaria y económica, el reciclaje y el uso de materiales de construcción ecológicos.

"Cada vez que tenemos un problema se expone directamente en la asamblea. No hay cargos electivos, hay áreas en las que algunas personas se implican más que otras, por ejemplo, unas dedican más tiempo a los animales y otras, a la huerta comunitaria o la panadería. Hay muchos niveles, pero la responsabilidad de lo que creamos y gestionamos aquí a diario sigue perteneciendo a todos".

Mabel reconoce que es una forma de vida exigente. "Supone una transformación, pasar de ser una persona de hábitat urbano, con sus comodidades, a tomar decisiones como disfrutar de menos calor por no talar más árboles o tener menos alimentos por no matar más animales. Cuanta más conciencia ecológica tienes más rebajas tus necesidades y te responsabilizas del planeta", explica.

Pero para cumplir este ideal resulta necesaria una capacitación específica . "Aprender a cultivar la tierra, a hacer casas, a tratar con los animales. Nosotros, que hemos rehabilitado 12 casas, lo hemos aprendido aquí, porque a comienzos de los 80 había poca información. Lo hicimos a tientas, ahora los interesados pueden preparase de otra manera gracias a que hay muchas personas trabajando y viviendo en el medio natural", apunta.

Resulta difícil calcular cuántas personas han optado por dar la espalda a la sociedad convencional, pero atendiendo a los participantes en las reuniones de ecoaldeas y a las páginas webs se puede hablar de unas 2.000 en todo el país, aunque la crisis ha elevado el número de consultas sobre este tipo de comunidades. El grupo de Lakabe ha venido flutuando entre los 12 y los 45 integrantes. "No todos descubren que este es su sueño, algunos se quedan en el camino porque para ellos las condiciones resultan demasiado duras o no quieren vivir en grupo de una forma tan comprometida, pero, aun así, son experiencias que van alumbrando otras utopías".

En estos años Mabel ha llegado a compartir casa con 15 personas. "He tenido cuatro hijos, uno de ellos se ha quedado aquí, y he seguido compartiendo vivienda con otras parejas que también tenían hijos. También he cambiado varias veces de casa, porque no siempre he necesitado una grande. Me he movido", resume tras casi una treintena de años en Lakabe.

Pese que los vecinos de la ecoaldea no son propietarios de sus casas, no temen un desalojo. "Ni somos propietarios ni tenemos necesidad de serlo. A nivel práctico, el Gobierno de Navarra nunca nos ha impedido estar aquí, nos ha ignorado, y a un nivel más profundo, la tierra pertenece a las personas que viven en ella. Además, seguras hay pocas cosas en esta vida. Yo he visto desalojar por culpa del pantano de Itoiz a vecinos que eran propietarios de sus tierras y casas", explica. "Si el Gobierno se planteara ahora echarnos, pelearíamos".

DESTACADOS
LAS FRASES
"Lo único que añoro de la ciudad es tener más a mano cines y teatros", afirma Rafael Echeverz
"Algunos sólo buscan un jardín idílico para el fin de semana, por eso les molesta el ganado", dice Julen Purcel
OTROS ARTÍCULOS DE Sociedad : Navarra
Casi el 50% de los navarros que quieren cursar Medicina no puede hacerlo por falta de plazas
Diversidad de opiniones entre los profesionales médicos de Navarra
Más de 5.000 peregrinos caminan a Javier cambiando el chubasquero por gafas de sol
Francisco Pérez habla de "crisis de valores" y culpa al relativismo de "minar la vida espiritual"
Y después de la misa... pop-rock divino
El Defensor del Pueblo insta a Salud a que cubra el tratamiento de un bebé
El campo seduce a los urbanitas
"Queremos garantías de que no llevamos veneno a la mesa"
Espigas a precio de oro en Guenduláin
Expertos critican que se tapen "agujeros crediticios" que son fruto de la "codicia"
La madre de Nagore Laffage quiere que se celebre el juicio para poder "pasar página"
Manifestación contra el juicio a 12 jóvenes por una sentada
Una mujer muerta y tres heridos en Allo al colisionar un coche y una furgoneta
Fallece un vecino de Tudela al chocar su moto contra un coche en La Rioja
El centro de menores de Zandueta vuelve a estar activo
 
SERVICIOS
Localiza fácilmente el destino que buscas en nuestro Callejero. Planos urbanos, direcciones, lugares de interés, farmacias...
AMOR Y AMISTAD
¿TE GUSTARÍA ENCONTRAR
A TU MEDIA NARANJA?


Únete a esta gran comunidad
Entra en el portal líder para conocer a gente de todo Europa, regístrate y empieza a hacer amigos desde ahora mismo
HOY EN LA AGENDA...
'MÚSICA PARA PRIMAVERA'

Concierto de Cuarteto Mitya a las 19.30 horas en Civican
Foro de debate - temas de actualidad
¿Crees que Osasuna va a lograr la permanencia o crees que va a descender? Opina en el foro
PUBLICIDAD | PROMOCIONES | DISTRIBUCIÓN | SUSCRIPTORES | EMPRESA EDITORA | TRABAJOS DE IMPRESIÓN | CONTACTO
Sindicación
internet@noticiasdenavarra.com | Haznos tu página de inicio | Suscripción a los titulares |
Visite también www.noticiasdealava.com | www.noticiasdegipuzkoa.com
© DIARIO DE NOTICIAS-Edición Digital
Altzutzate 8, Polígono Industrial Areta · 31620 HUARTE-PAMPLONA · Tel 948 33 25 33 Fax 948 33 25 18
Enlaces recomendados: Trabajo | Hosting |