loS accidentes de tráfico disminuyen en Pamplona. Según el Ayuntamiento, en 2003 fueron 3.585. En 2008, 2.766. Un descenso sostenido del 23% en cinco años. Eso está muy bien. ¿Bajan todos los tipos de accidentes? No: la accidentabilidad del más desprotegido, el peatón, no ha variado en los últimos años. Eso está muy mal. En 2007 hubo 166 atropellos. En 2008, 163. El descenso es insignificante. Además, de los tres muertos en accidente de tráfico el pasado año dos eran viandantes. Teniendo en cuenta la truculenta polémica en torno a la supuestamente conflictiva cohabitación entre bicicletas y peatones, se podría pensar que la inmensa mayoría de los atropellos fueron perpetrados por despiadados ciclistas en pasos de cebra frente a hospitales, asilos y guarderías, con premeditación, alevosía y bates de béisbol para rematar a golpes a los supervivientes. Pero no es así. Sólo se tiene constancia de tres accidentes en los que se vieron implicados ciclistas y viandantes. De las 57 colisiones en las que hubo bicicletas de por medio, en 47 el otro implicado fue un coche. Queda claro que tanto para peatones como para bicicletas el mayor peligro lo constituyen los automóviles. El 58% de los atropellos se dio en pasos de cebra, en los que el viandante tiene prioridad. En nueve ocasiones, el peatón cruzaba un semáforo en verde. Aun así, la única campaña realizada en todo el año por el Ayuntamiento para sensibilizar a la ciudadanía de la gravedad de este problema cargó las tintas sobre la responsabilidad del peatón: "Porque el peligro es mayor de lo que crees, antes de dar un paso, piénsatelo dos veces: a derecha y a izquierda". Traducido al lenguaje de la calle: "Estos peatones van como locos y luego pasa lo que pasa". La cultura del coche. Así denominan los expertos en movilidad sostenible a ese tipo de pensamiento. Una cultura que contamina, estresa y mata peatones. Ya va siendo hora de que en Pamplona se tomen medidas serias para cambiarla. Ejemplos hay de sobra. En San Sebastían han peatonalizado 50 calles. En Londres han instaurado un límite de velocidad variable de ente 40 y 80 km/h. En la ciudad holandesa de Apeldoorn los ciclistas tienen prioridad en los semáforos. En Bruselas, las empresas de más de 200 trabajadores están obligadas a redactar un plan de movilidad y las que organizan autobuses y los trabajadores que los utilizan disfrutan de rebajas fiscales. En Berlín vetan el acceso a determinadas zonas de la ciudad a los automóviles más contaminantes. En Pamplona no se hace nada eficaz y el número anual de peatones heridos y muertos permanece inalterado. Atropello por omisión.