washington. La popularidad política y social del presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, quedó el viernes de manifiesto con un gesto habitual para la mayoría de las personas como es acudir a un centro comercial. Pasó unas horas en un establecimiento de Hawai junto a sus hijas Malia y Sasha, de 7 y 10 años, lo que provocó un enorme revuelo entre las numerosas personas que allí se encontraban.
Obama trata de llevar sus últimos días de vida relativamente normal antes de que el próximo 20 de enero ocupe oficialmente la Casa Blanca. Por ese motivo, se encuentra de vacaciones en Hawai y trata de llevar una vida más o menos relajada, aunque sus agentes de seguridad apenas podían controlar a la muchedumbre que trataba de acercarse ayer al ex senador incluso cuando comía.
El presidente electo acude ahora dondequiera que vaya con un séquito de guardaespaldas que impiden el asedio no sólo de curiosos, sino también de los medios de comunicación. La prensa no tiene permiso para acercarse a la residencia donde se encuentra disfrutando de unos días de descanso, lo que no impidió que un 'paparazzi' sacase fotografías esta semana de Obama en la playa, algo que provocó gran revuelo y planteó la pregunta de cómo pudo burlar el cerco de seguridad.
El presidente electo está pasando las vacaciones con su familia en la isla de Oahu, donde pasaron la noche del viernes a oscuras, como los casi 900.000 habitantes de la región, debido a una tormenta que causó un apagón.
El alcalde, Mufi Hanneman, dijo a la televisión local que alrededor de las diez de la noche la Policía de Honolulu había hablado con Obama y el presidente electo "dijo que estaba bien y que él y su familia se iban a dormir".
La gobernadora hawaiana, Linda Lingle afirmó que la empresa de electricidad había llevado un generador a la residencia donde se alojan el presidente electo, su esposa y sus hijas. >agencias