pamplona. Sobre el Atano III de San Sebastián ha recaído el privilegio de acoger el próximo lunes la final del Cuatro y Medio de la LEP.M, una cita en la que se medirán dos de los pelotaris en activo con mejor palmarés. Aimar Olaizola tiene seis txapelas y Juan Martínez de Irujo acumula cinco. Ambos han ganado los tres torneos importantes de la LEP.M (el Manomanista, el Parejas y el Cuatro y Medio), pero el caso del delantero de Ibero es un ejemplo de compresión. Lo ganó casi todo desde su debut como profesional, tocó techo haciéndose con tres txapelas en 2006 y desde entonces las lesiones se cruzaron en su camino. Se cebaron con él y sobre todo con su mano derecha. Ahora, con 27 años recién cumplidos (Ibero, 4/11/1981) y después de haber pasado por el cielo y el infierno, el representante de Aspe en la final del acotado saborea con deleite su reingreso en la elite de la pelota profesional. Sólo pone un pero: le falta rematar la faena con un nuevo título.
Después de dos años sin llegar a una final, el lunes regresa a una, la del Cuatro y Medio.
Tengo ganas de jugar, pero a la vez también tengo ganas de que pase el día porque el tiempo pasa ahora más despacio y los días se hacen más largos. Sin embargo, estoy preparando bien el partido para llegar lo más fresco posible.
Por lo que dice, habría preferido jugar este fin de semana.
Si la final hubiera sido el domingo, mejor, porque estaría más tranquilo y ya sabría si había ganado la txapela. Pero tampoco pasa nada por esperar un poco más.
No obstante, quiso jugar el domingo en Eibar. ¿Por qué lo hizo?
Fui al frontón a no perder la chispa. Me metí en el partido bastante bien y creo que jugué más serio de lo normal. No fallé muchas pelotas, aunque tampoco hice demasiados tantos. Fue un partido... Pese a la derrota, hubiera firmado lo que ocurrió antes de jugar.
Siempre sale a ganar, pero lo importante era no perder la forma.
Sí, pero cuando te metes en el partido te olvidas de todo y sólo piensas en ganar. Te olvidas de que el lunes es la final y sales a por todas.
Después de superar un calvario de lesiones, parece que ve la luz al final del túnel.
He pasado dos años malos, pero somos deportistas y nunca se sabe cuándo te pueden llegar las lesiones, aunque deseas que no vengan. Sin embargo, no se puede decir nada porque cualquier día te puede pasar algo, pero ya llevo siete u ocho meses entrenando bien, que es lo que me gusta, y esperemos que dure mucho tiempo.
En apenas cinco años como profesional, ha saboreado las mieles del éxito y ha padecido las hieles del fracaso.
Por suerte y por desgracia me ha tocado de todo. Empezar arransando y ganarlo todo; y luego las lesiones, que son lo peor. Pero las cosas han venido así y hay que aceptarlas. Ahora, cuando entreno, trabajamos mucho más las zonas que se pueden lesionar para evitar problemas.
¿De qué se aprende más, de lo bueno o de lo malo?
De todo, pero creo que se aprende más de las cosas malas que de las buenas. Estar tanto tiempo parado y viendo que no puedes hacer lo que te gusta y que no ganas partidos... Todo eso preocupa, pero por suerte parece que ya está superado.
Durante las lesiones que ha padecido durante los dos últimos años, ¿pensó alguna vez en la retirada?
En dejarlo, nunca. Pero, cuando me abrí la mano, siempre corres el riesgo de que si la cosa sale mal o se complica se te queda la mano mal y no puedes jugar a pelota. Y eso sí que lo piensas. Pero las cosas han ido bien y hay que olvidarse de todo.
Así que pasar por el quirófano para operarse la mano derecha ha sido una de las mejores decisiones que ha tomado.
De las más acertadas y de las más duras, las dos cosas. Una vez que ha pasado todo y ha salido bien, estoy contento; pero, si hubiera salido mal, me habría arrepentido toda la vida.
Le ha ocurrido algo similar a Barriola. ¿Le pidió consejo en algún momento?
En su día sí que hablé con él. Pero es que, quitando a Titín, que es un máquina y que nunca se ha roto nada, todos hemos tenido problemas. Ahí está Aimar con el dorsal, Patxi Eugui ha tenido mil operaciones, Abel ha tenido problemas en las manos, Patxi Ruiz anda con la hernia... A todos nos ha pasado algo. Es lo normal y, cuando tienes un problema y debes recuperarte, preguntas a la gente.
Dejando a un margen sus problemas, ahora le toca lo bonito: pelear por una txapela y por ser el pelotari en activo con mejor palmarés.
Eso es lo de menos. Las txapelas que hemos ganado hasta ahora son del pasado. Y hay que vivir el presente, el día a día. Si gano, ésta va a ser para mí la primera txapela; y la quiero ganar, pero sé que voy a tener un partido muy complicado. Después del partido ya miraremos la estadística.
Aimar ha jugado muy bien, pero el único partido que ha perdido ha sido contra usted. ¿Le dice algo este dato?
La final va a ser totalmente diferente, pero lo que sí me dice es que puedo ganar. Ya le he ganado en Vitoria y eso me da confianza.
Le ganó en el Ogueta y la final se disputa en el Atano.
Todos los frontones son diferentes. El Atano es un buen frontón, aunque me hubiera venido mejor el de Vitoria. Lo que me extraña es que todas las finales se hayan jugado en Vitoria... y ésta no. Pero la final es en Donosti, es un buen frontón y veo que tengo opciones de ganar y por eso pelearé.
¿Ve algo extraño en la decisión de que el partido se juegue en San Sebastián?
Para qué voy a pensar eso. La decisión se ha tomado así y ya no hay vuelta de hoja. Eso es lo de menos.
¿Qué teme de Aimar?
Todo. Puede salir a la cancha tranquilo, a jugar sin más, pero se pone a rematar y se queda solo en el frontón. Eso es lo que más temo, pero yo intentaré coger la iniciativa en el juego para poder darle guerra e ir a por el partido.
¿Y qué teme de usted mismo?
Tengo miedo de que empecemos el partido y me ponga nervioso. Los nervios afectan a todo el mundo y serán difíciles de controlar.
Aimar y usted se han quejado del frío que ha hecho estos días en el Atano. ¿Le preocupa esta circunstancia?
Estamos entrenando sin calefacción y eso se nota. El jueves estuve y casi no pudimos ni calentar del frío que hacía. Pero creo que el día de la final, con la tensión que hay, el frío no va a tener influencia. Bastante calientes saldremos nosotros a jugar.
¿Con cuántos incondicionales va a contar en la grada?
Me voy a quedar corto con las entradas, pero irán más de 200 personas de toda la Cendea de Olza. Más vale que alguno se buscó la vida por su cuenta para conseguir alguna que otra entrada.
Y pase lo que pase, volverá a haber celebración en La Runa.
Eso es buena señal, pero lo que quiero es llegar con una txapela y que la celebremos todos. Llegar a la final es un motivo de celebración, pero, ya que estoy en la final, no me conformo sólo con jugarla.