PAMPLONA. Osasuna buscó con ahínco su primera victoria, exprimió todo lo que pudo su juego ofensivo con una presencia ruidosa en el área del Atlético, pero fue incapaz de romper su maleficio con el gol, porque sólo con atacantes hechizados resultan partidos con tan poca definición. Incluso de penalti no fue capaz de marcar Osasuna, ejemplificando en la figura de un Portillo hundido, tras el error en la pena máxima, los males de un equipo con sabe pronunciar "gol".
El conjunto de Camacho acumuló más méritos que un Atlético acomodaticio y propenso al marcador inicial, pero los rojillos se siguen quedando en los prolegómenos, en los trámites previos a la consecución del gol, en la burocracia, en el papeleo, porque no certifican su juego, no encuentran puerta, ni por asomo. La sequía parece que no tiene que ver ni con la elaboración del juego -ayer hubo buenas acciones en los últimos metros, muy cerca del área y también en ella-, ni con el suministro de balones -nuevamente llovieron los centros de todo tipo sobre las inmediaciones de Coupet-, ni tampoco con la tenacidad de los futbolistas -los rojillos se pegaron una buena paliza-. Osasuna, que evidentemente tiene desviado el punto de mira, anda también con la vista nublada por la presión, la tensión, la ansiedad, la ausencia de confianza que supone ser los últimos de la Liga, no acertar. Osasuna, técnicos y jugadores, se ha metido por una dura senda en la que se va a probar tanto su carácter como su temple. Y los que no sepan soportarlo -porque aunque las jornadas van pasando, esto no ha hecho sino empezar-, acabaran claudicando.
A Osasuna no le vale ni ser mejor. Aguirre montó el Atlético de ayer alrededor de Agüero y su buena estrella, toda una declaración de principios. Entregó el protagonismo único en el ataque al delantero argentino y reforzó el centro del campo con una numerosa presencia de futbolistas -cinco medios, tres por el eje-, buscando tanto superioridad en la franja, como puntos de proyección a partir de los que brotara el juego buscavidas del Kun. -El ex entrenador de Osasuna jugó al despiste y se equivocó porque su equipo no tuvo ni poder en la medular ni brillo en el ataque.
El equipo de Camacho, con un juego encadenado a su ansiedad, poco reflexivo, borró del campo al Atlético durante el primer tiempo y tuvo todo a su favor para escribir la historia del partido con calma. La jugada clave estuvo en el penalti de Pernía a Juanfran y en la ejecución de la pena máxima por parte de Portillo. El delantero se asignó con determinación el lanzamiento de la pena máxima, pero la rotundidad con la que se apuntó a la misión no fue correspondida con similar arrojo en la ejecución. Total, que Coupet desvió con comodidad su disparo raso y poco escorado. Un mal penalti, un palo gordo, un empellón a la confianza, otro golpe del destino, la multiplicación de las dudas, otro salto al vacío... La discusión con Nekounam por lanzar la falta -un gesto poco común en Osasuna- no se merecía nada de eso.
A Osasuna le pasó un tren de emociones por encima, pero sorprendentemente se recuperó del golpe anímico -algo positivo se debe buscar en este equipo-. El primer tiempo siempre fue un territorio dominado por los de Camacho, que siguieron con su porfía en pos del gol que ya nunca vieron cerca de verdad. Ezquerro, Plasil -el checo fue ayer un tipo aplicado y peligroso-, el propio Portillo -en un lanzamiento desde fuera del área- y Nekounam -con una intentona bien dirigida pero sin fuerza- merodearon por la portería del Atlético. Nada más.
Bien controlado Agüero por su soledad en medio de la defensa rojilla, el partido se le complicó de verdad a Osasuna cuando Aguirre dio un paso al frente y sacó a Forlán al terreno de juego, a los ocho minutos del segundo tiempo.
Fue la prueba del algodón para un Osasuna que certifica que se sabe defender -lógicamente con más apuros cuando le atacan con saña, pero lo practica con decencia-, que es capaz de atajar las intentonas de un delantero inquieto -el meta Roberto acrecentó su imagen de tipo solvente- y que evidencia que su problema continúa estando allá arriba, en el último tercio del campo.
El delantero uruguayo del Atlético revolucionó a su equipo y sí enseñó la ambición de los de Aguirre, turbios en los últimos metros y con Agüero, bien marcado y menos participativo que lo que su fama y juego anuncia. Forlán dispuso de dos ocasiones en otras tantas acciones individuales y el gatuno Roberto zanjó sus zapatazos con colocaciòn y agilidad.
El peligro de Osasuna sólo se contabilizó en el segundo tiempo en forma de aproximaciones -esas blandas comparecencias en el área contraria sin final feliz-, en errores de control en posiciones peligrosas -a Juanfran se la quitó Pernía tras no atarla a la puntera, Vadòcz se quedó con las ganas de pillar el balón cuando enfilaba en soledad la portería de Coupet y Pandiani tampoco maniobró con velocidad en el borde del área tras recibir de Masoud- y en las intentonas postreras de un Ezquerro exhausto. El riojano es el más astuto de los que juegan adelante, el que ofrece algunas soluciones en los metros finales, pero no se puede pretender que tenga pulmones de medio fondista y que esprinte como velocista en los instantes finales.
Camacho hizo cambios agresivos buscando el triunfo: un rematador -Pandiani-, un dinamitero -Masoud-, otro pasador -Font-. Pero las intenciones se quedaron en el plano teórico, principalmente en lo que a los dos primeros se refirió.
Osasuna terminó sin ganar, cosa que no es nueva; sin marcar, no hay tampoco novedad en el asunto más allá del aumento de la crispación; pero se sigue insistiendo en un caudal ofensivo cuantioso. El problema de Osasuna está al final, porque no hay quien ponga la guida. Y las jornadas pasan.
CAMACHO: 4 Presentó el equipo probado durante la semana y, con él, rozó la victoria sobre todo en el primer tiempo. El bloque defensivo lo tiene consolidado, mientras que en el eje y en ataque depende de los momentos de sus jugadores. Hizo cambios para ganar.
AGUIRRE: 4 Jugó al despiste anunciando una alineación en Madrid y luego cambiando jugadores y sistema en Pamplona. Mejoró el equipo con la presencia de Forlán en el campo, con el que estuvo a punto de ganar. Poco ambicioso y poca actitud general.
EL ÁRBITRO: 5
pérez burrull Partido tranquilo del árbitro internacional que pitó un penalti a favor de Osasuna sin pestañear. Perdonó alguna cartulina más a los jugadores del Atlético de Madrid -sólo hubo una para Pernía- y sus mayores problemas fueron la toma de decisiones cuando los jugadores caían al suelo lesionados y él, inactivo, no incidía en el juego. No influyó en el resultado.