pamplona. Fernando Peñalosa, ex alcalde de la ciudad de Bogotá (Colombia), impartió ayer la primera conferencia del III Congreso Internacional de Arquitectura, Ciudad y Energía y una de las más esperadas.
Artífice principal de la rehabilitación como ciudad de la capital colombiana, Peñalosa, que tituló su exposición La regeneración urbana con criterios de sostenibilidad en relación con los nuevos retos de las políticas españolas, es un auténtico filósofo a la hora de relacionar la arquitectura con el ser humano a través de las ciudades. "Lo más interesante es el inmenso poder que tiene una ciudad para que la gente viva más feliz, aunque para ello debe satisfacer unas necesidades distintas de las básicas; como por ejemplo, que sea una ciudad donde se pueda estar con gente, en la que se pueda caminar y jugar, que tenga campos deportivos y parques y en la que no nos sintamos inferiores a nadie. Esto último se logra habilitando ciudades en las que los ciudadanos ricos y pobres se encuentran en espacios y transportes públicos, en las aceras o en los parques, como iguales. Si una ciudad ofrece buen transporte público, buenos parques, etcétera, hará que sea menos grave que haya una diferencia de ingresos entre sus ciudadanos, porque éstos tendrán más posibilidades de ser felices". Una diferencia entre ricos y pobres que, para Peñalosa, tiene una marca definitoria en los países en desarrollo. "En estos países, casi por definición, tenemos dos clases sociales, los que tienen coche y los que no. Así, el conflicto de clases no es, como lo definía Marx, entre tres o cuatro ricos y el resto de la sociedad, sino entre los que tienen coche y los que no. Esto desemboca en un conflicto por el espacio público y su distribución entre peatones, ciclistas, transporte público y coches. Así, yo diría que cuanto mas espacio se dé a los ciclistas, a los peatones y al transporte público frente a los coches, más democrática tiende a ser esa ciudad. Pero lo que sucede es que, habitualmente, los que tienen coche en los países en desarrollo son los que ostentan el poder político, lo que significa que sus ciudades no tienen aceras, están en mal estado e, incluso, ocupadas por los coches", apunta Peñalosa, sumergido en un discurso en el que, por ejemplo, puede hacer del carril bici uno de los grandes elementos de igualdad social. "El carril bici no solamente es importante porque protege a los ciclistas sino porque es un símbolo muy poderoso que demuestra que un ciudadano que se moviliza en una bicicleta de 30 dólares es igual de importante que el que se moviliza en un carro de 30.000 dólares. Por eso, cuando vemos una ciudad con aceras angostas, eso significa que los ciudadanos que tienen coche son superiores y, por lo tanto, tiene un doble efecto negativo: es malo para la calidad de vida porque no se protege la vida de los peatones con aceras y, además, es un símbolo que muestra que los ciudadanos que no tienen coches son inferiores".
Voraz investigador de ciudades, Peñalosa ya ha podido echar un ojo a Pamplona, una ciudad de la que destaca el paseo fluvial del Arga y demanda infraestructuras para bicicletas. "Pamplona, al igual que otras ciudades españolas, es lo más cercano que ahora existe a un ciudad ideal".