EL domingo escribí que quien hace años publicó en Egin diversos meteorismos festivos bajo el epígrafe Flatulenciassanfermineras fue Felipe Rius, y en realidad el padre de la ocurrencia era el gran José Antonio Iturri. Rius es el autor de otra afortunada expresión a la que recurro con frecuencia y que servía de título genérico a sus columnas de Nafarkaria: metrópoli foral. En cierto modo tiene sentido cagarla en un escrito titulado Flatulencias sanfermineras como el del domingo. La fiesta desajusta el aparato digestivo, y en esas condiciones dar rienda suelta al meteorismo resulta una practica harto arriesgada que puede dar lugar a deposiciones extemporáneas. Declino las evacuaciones en plural porque en la columna del domingo incurrí en otra inexactitud: atribuí a Karina la autoría de Yo soy rebelde porque el mundo me hizo así, cuando en realidad la canción forma parte del repertorio de Jeanette. Tremendo error. Habrá quien juzgue exagerado el adjetivo tremendo, mas no lo es: se trata de un error tremendo, a tenor de la tremenda respuesta que ha provocado entre los lectores de la Entibadora. A pesar de no haber hecho público ni mi número de teléfono móvil ni mi dirección de correo electrónico, mediante esas dos vías he recibido numerosos mensajes que me recriminan el desliz. No es broma. Y tampoco es habitual. No acostumbro a recibir tantos recados de los lectores. Uno intenta cultivar el pensamiento crítico para escribir columnas aceradas que aguijoneen la conciencia de los lectores, que los muevan al debate, a la polémica, y va y resulta que la respuesta más airada llega por haber mentado el repertorio de Jeanette en vano. La cosa tiene narices, incluso otros apéndices corporales que no mencionaré por no acentuar el cariz escatológico de la columna de hoy. Ni el abortado programa de fiestas popular de San Fermín Txikito. Ni la fallida ampliación de la zona mixta. Ni la inestimable abstención en la reforma digital del área de Bienestar Social. Ni las banderas de la sala de prensa municipal. Lo que en verdad interesa a los lectores de esta columna es la música más casposa de los 70. Preocupa más Karina que Barcina. He de reconocer que estoy desconcertado. Intento reubicarme, comprender la idiosincrasia de los lectores. Incluso su indiosincrasia. De hecho, he comenzado a estudiar el regalo que me ha hecho llegar uno de ellos: la selección de lo mejor de la discografía de Luis Aguilé, realizada por José María Íñigo. Gracias, Félix.