a coruña. El Pazo de Meirás fue el viernes por la tarde escenario de dos bodas, una oficial dentro del Pazo, la de la bisnieta de Franco, Leticia Giménez-Arnau Martínez-Bordiu, con Marcos Sagrera, y otra, la alternativa, convocada por la Comisión por la Recuperación de la Memoria Histórica de A Coruña (CRMH), acto reivindicativo a través del cual quiso reclamar la devolución del inmueble.
A la boda de Leticia Martínez Bordiu, que dio comienzo a las 20.30 horas, los invitados empezaron a llegar pasadas las 18.00 horas y sólo ellos, tras pasar el control de los cuatro guardias de seguridad que flanqueaban la puerta principal y comprobaban su nombre en la lista de invitados, pudieron acceder a un recinto muy vigilado.
Según la Guardia Civil, alrededor de cuatrocientas personas, entre curiosos y miembros de la CRMH, se concentraron a la entrada de las dos puertas del Pazo de Meirás, a los que se sumaron además alrededor de medio centenar de medios de comunicación, gallegos y nacionales, especialmente cámaras de televisión, paparazzis incluidos.
No fue posible ver a la novia, que se preparó para el enlace dentro del Pazo, y fue difícil ver al novio, que llegó en un coche oscuro sobre las 20.00 horas. Previamente, a las 18.30 horas y fuera del recinto tuvo lugar la otra boda, una parodia organizada por la CRMH, y que, escenificada por el grupo Os Maracos de A Coruña, tuvo como uno de los protagonistas al caudillo resucitado, que acompañó a la novia como padrino, siendo escoltado por un destacamento de la Guardia Mora y recibido por el jefe provincial del Movimiento Nacional y por otras autoridades.
Al finalizar la boda, que fue oficiada por un pseudo obispo, Manuel Monge, presidente de la CRMH recordó que "el Pazo no fue un regalo al caudillo, sino un impuesto revolucionario". Además, se mostró satisfecho porque un "acto de la prensa rosa se convierta en un acto reivindicativo", dijo, tras afirmar que "lo conseguiremos, al igual que hemos forzado a las Administraciones a retirar el nombre del Juan Canalejo del hospital coruñés". Concluyó Monge, después, eso sí, de felicitar ante su público el enlace a los novios, asegurando que "el Pazo es nuestro porque cuando alguien roba algo, debe devolverlo".
distintas opiniones Entre los vecinos, opiniones diferenciadas, unos a favor de la comparsa que organizó la comisión y otros enfadados porque "estos actos muestran poca educación y respeto". "Esto está bien que se haga en carnavales, pero no cuando se casa alguien, para quien tiene que ser un gran día", decía una vecina de una casa de enfrente al Pazo.
Otra añadía "siempre se han portado muy bien con nosotros, han sido muy buenos para el pueblo", por eso "creemos que las reclamaciones hay que hacerlas en otro sitio, no en este día y aquí", apuntaba otra.
Sin embargo, entre los partidarios de la devolución, se podían oír gritos de "Franco, marchad de Galicia, que no queremos franquistas" o "el Pazo es nuestro". Los momentos más intensos se vivieron cuando quedaban pocos minutos para la boda, cuando algunos de los concentrados golpearon los autobuses en los que llegaban los invitados. El más pacífico, el cura, que llegó a pie, y fue el único al que fue posible acercarse y que contestó que "sí" a la pregunta de los periodistas de si era él quien los iba a casar. >agencias