N ADA más llegar, lo primero que hacen es preguntar: ¿A cuánto están las cuevas de Zugarramurdi?. Y lo mismo sirve para las de Urdazubi. Entre los visitantes, que, por fin, parecen llegar al País del Bidasoa en un verano al que le ha costado arrancar como nunca antes, el boca oído funciona y el consejo es casi monotemático: las cuevas de Urdax-Urdazubi y de Zugarramurdi, dos recursos naturales que se han convertido en las mejores atracciones de