L A ciudad metropolitana vista de una óptica de género. La mujer que empuja una silla de ruedas porque atienden a personas mayores, discapacitados o niños; la que trata de conciliar la vida familiar y laboral, y multiplica sus trayectos; la que patea la calle para recoger a su hijo en los centros educativos; la que más utiliza los servicios públicos o el comercio... Mujeres que, en definitiva, hacen uso de la ciudad, detectan sus carencias y, como Urbanas, defienden la transversalidad de género en el urbanismo que las planifica. Ellas saben mejor que nadie que la incorporación de la mujer al mercado de trabajo no ha implicado un cambio "profundo" en las reglas del juego. Las mujeres realizan dobles jornadas acaparando los ratios superiores de movilidad en un modelo laboral que, además, no atiende responsabilidades familiares sino "la exigencia de la disponibilidad absoluta". La socióloga Begoña Arrieta, la economista Marian Arrula, la arquitecta Alicia Ainciburu, la pedagoga Clotilde García, la consultora medioambiental Concha Fernández de Pinedo, la abogada Lourdes Aldabe y hasta 24 profesionales de diferentes gremios reflexionan sobre los problemas que tiene Pamplona y su Comarca desde una visión "integral", un colectivo abierto a las aportaciones de todas las mujeres que aporten otra mirada de una ciudad pensada para el hombre que "conduce coche" y en "esquemas productivos" no "reproductivos".
territorio y urbanismo
Falta de participación y de transversalidad
El modelo de planificación urbanística en la Comarca de Pamplona ha conseguido dispersar en las últimas décadas los espacios residenciales, industriales y comerciales ("monofuncionales") lo que ha potenciado el uso del vehículo privado en un modelo insostenible e inaccesible para colectivos que no lo utilizan. Critican por ello la falta de participación ciudadana y dinámicas pluridisciplinares en el diseño de nuevos planes de ordenación urbana de manera que tengan en cuenta la "vida" de la ciudad y no se limiten a valorar aspectos "técnicos". Defienden así la inclusión en nuevos proyectos urbanísticos de planes de evaluación de impacto de género y de movilidad. Barrios sin espacios de relación social, con déficit de servicios (primero se construye las viviendas sin equipamientos públicos) o urbanizaciones donde no se contemplan locales comerciales en los bajos de los edificios son un ejemplo. Garantizar la seguridad, la accesibilidad (la conexión de barrios a pie, en bici o con transporte público), y la conciliación de la vida laboral y familiar son sus principales retos.
segregación social
Barrios especializados y problemas de movilidad
La "especialización" de algunos barrios como Sarriguren, donde han ido a vivir muchas parejas jóvenes con niños pequeños, genera multitud de disfunciones en la movilidad, ya que en realidad muchas de esas mujeres dependen de sus familias para cuidarlos (principalmente abuelas). Las madres se convierten así en "acompañantes, transportistas y vigilantes de niños" que ya no van solos a los colegios y han perdido "autonomía", retomando las ideas de la urbanista Marta Román. También la zonificación educativa aleja a los niños de sus domicilios y conlleva que las mujeres tengan que desplazarse por diferentes barrios o municipios. En otros casos como Mendillorri, levantado en los años noventa antes de la llegada de la inmigrante, apenas hay convivencia con otras nacionalidades. Inmigrantes que por otro lado han sido "expulsados" al extrarradio de la ciudad por el precio de la vivienda y que dependen del transporte público totalmente (por ejemplo, empleadas del servicio doméstico). El transporte público, recuerdan, es utilizado principalmente por mujeres, mayores e inmigrantes.
modelo insolidario
El urbanismo y la soledad: el ejemplo de los mayores
La gente mayor se está quedando aislada en el centro de las ciudades lo que les enfrenta a problemas de desarraigo y soledad. Nuevas urbanizaciones con carencias de servicios y sin suficientes guarderías, y una calle que ha dejado de ser una espacio "público". Los nuevos barrios no cuentan con espacios de relación, tampoco favorecen la "solidaridad" de la comunidad y la mujer vive aislada del vecindario. "La mayoría de nuevos sectores se diseñan como cuadrículas de viviendas sin plazas centrales y con solares destinados para colegios, pero se olvidan que de aquí a 20 años esa gente será mayor y necesitará el cuidado de otras personas. El casco viejo por ejemplo es un modelo de control social porque la gente mayor está vigilada de alguna forma por sus vecinos, pero en barrios donde salen a las seis de la mañana y vuelven a las ocho es imposible", admiten.
DESARROLLISMO
La necesidad de vivienda y el mercado inmobiliario
Urbanas se muestra crítica con el desarrollo urbanístico de los últimos años, un modelo hecho a la "carta" de promotores y constructores. Un crecimiento que no ha tenido en cuenta las "necesidades reales", la demanda de un tipo de vivienda protegida de personas que "carecen de avales para soportar un préstamo" ni en estudios rigurosos sino más ocupado en "satisfacer" el mercado de la vivienda libre. "Ahora empezamos a apoyar la vivienda social en alquiler, pero hasta ahora no se ha fomentado salvo para colectivos muy excluidos", indica. "Hay que hacer más vivienda de alquiler para jóvenes, inmigrantes y otros colectivos no marginales", remarcan. El alquiler fomenta por otro lado la "movilidad" de los jóvenes y un mayor dinamismo social. Por otro lado, las nuevas urbanizaciones han arrastrado en los últimos años un aumento "espectacular" de la vivienda vacía en el centro de los cascos urbanos que "se pueden detectar en la renta y gravar desde la Administración pública", así como la "desocupación" de equipamientos como ocurre con algunos colegios por el efecto del "desplazamiento" social.
VIVIENDA SOCIAL
Evitar los guetos y potenciar la pequeña vivienda
Creen en la ciudad compleja, que alberga diferentes segmentos sociales y económicos, y rechazan "guetos" como el que supone Guenduláin. Opinan también que las viviendas sociales están sobredimensionadas y abogan por hacerlas más pequeñas para personas que viven solas y que además copan el grueso de la demanda de VPO. "En el casco viejo de Pamplona también hay muchas viviendas pequeñas pero que no reúnen condiciones y que podrían ser rehabilitadas".
El modelo constructivo no repara en las necesidad de los colectivos más débiles. "No hay servicios comunes o apartamentos adaptados para gente que vive sola o discapacitados, y en barrios nuevos como Sarriguren sólo pisos de tres dormitorios". Faltan apartamentos dotados de nuevos servicios, recursos para mayores (el imparable envejecimiento de la sociedad) a través de medidas sociales (ley de Dependencia, etcétera) y dotaciones próximas (consultorios...), o favorecer viviendas que permitan la convivencia de jóvenes y mayores; en definitiva, la interrelación social.
cambio cultural y educativo
Nuevas generaciones y vivienda en propiedad
"Todas empezamos de alguna manera compartiendo piso de alquiler a los veinte años con otras personas para empezar y porque pagar, hoy, 40 o 50 millones de pesetas es imposible", recuerdan. "Hoy en día la mentalidad de la gente joven es diferente. Se van de casa de sus padres únicamente si tienen una vivienda en propiedad y bien equipada", reflexión que denuncia el fondo consumista, individualista y conformista de esta sociedad. "El derecho a una vivienda en propiedad se ha consagrado en la conciencia social, a la vez que ha sustentado un desarrollo económico que en nuestro país ha estado basado en los ingresos de la construcción y "la especulación", además del turismo. Su propuesta: promover vivienda social de alquiler por parte de la administración.