VIENA (AUSTRIA). España despertó a Rusia de su sueño e impuso su estilo de juego para recuperar el prestigio perdido en Europa y tocar el cielo 24 años después, con goles de Xavi, Güiza y Silva en un partido histórico camino de la gran final.
Alemania-España. Final de la Eurocopa 2008 que pasará a la historia por el regreso a la elite de España. Superada la barrera de cuartos. Eliminados los miedos ante Italia desde la tanda de penaltis, bordó la semifinal para eliminar a Rusia, la sensación del campeonato, endosándole la segunda goleada consecutiva.
España jugaba directo desde el inicio con el equipo de siempre, que se sabe el país de carrerilla. Con Senna de dueño en la medular, Xavi no durmió la posesión y encontró con rapidez los movimientos de Villa y Torres, la subida por sorpresa de Sergio Ramos. Fue el lateral el más incisivo en el remate. No llegó por milímetros a un centro al que se lanzó en plancha y chutó en dos ocasiones con la zurda, tras recortar a su marcador, a las manos de Akinfeyev.
La lucha de Torres y la pegada de Villa se repetían como el día del debut esperanzador. Un fuerte disparo desde la esquina del área del Guaje volvía a probar los reflejos del meta ruso, en un césped húmedo por el diluvio, que daba mayor velocidad al esférico (m.11).
Rusia tenía las ideas claras cuando poseía el balón. Aquellos veinte minutos iniciales del debut no eran un espejismo. Tocó con criterio, con velocidad y creó peligro con remates de Pavlyuchenko, que obligó a una estirada de Casillas.
el contratiempo de villa Regresó el salvador. El portero que decide partidos. España aún estaba conmocionada. Segundos antes, en el lanzamiento de una falta, Villa se había lesionado. El artillero de la Eurocopa sufrió un pinchazo en el lanzamiento de un disparo que acabó en manos de Akinfeyev. Luis Aragonés reaccionó rápido. Pasó al plan b , al 4-1-4-1. Saltó a escena Cesc. En minutos de tensión, impuso su estilo y devolvió la posesión del balón a España, la hizo dueña. Sólo faltaba encontrar el camino al remate.
La primera parte dejaba patente que nunca es fácil ganar en una gran competición. Mucho menos repetir. Pero esta selección es ganadora. No tiene perjuicios. Subió el ritmo. Xavi encontró a Iniesta, gris en el campeonato pero finalmente decisivo con la devolución de la pared, que empujó con todo su alma a la red Xavi, para desatar la locura en todo el país.
La dureza de Rusia no frenó la imaginación española. Estaban cómodos en el campo. Iniesta inventaba y Cesc no finalizaba (m.60). Ramos volvía a ser un puñal pero su buen centro no encontraba el acierto en el remate de Torres (m.62). Fue el momento de Cesc. El más joven de España se hizo el dueño e inventó en los metros finales. Primero probó suerte con un zapatazo que desvió Akinfeyev (m.69), para cuatro minutos después sentenciar el duelo, con un pase picado a Güiza que, controló con el pecho, y picó ante la salida del portero ruso. El arquero había sentenciado.
Rusia había muerto. No había espacio para la reacción. España impuso su estilo. De nuevo Cesc desniveló y asistió a Silva, que chutó a la red. Explosión de júbilo y parada final de Casillas, que se presenta en la final sin encajar un gol en los dos últimos partidos. Es la tercera y tras 44 años ya toca. Además, es merecida. España juega un escándalo.