Editorial
Las trampas del euribor
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| A pregunta es: ¿puede culparse al euribor, y por extensión a la política monetaria del Banco Central Europeo, del encarecimiento de las hipotecas? Sí y no. Sí, porque es la referencia más utilizada por los bancos en el cálculo de las cuotas de las hipotecas de sus clientes. No, porque en realidad se trata del tipo de interés al que las entidades bancarias se prestan dinero entre sí y el mercado siempre lo sitúa por encima del precio oficial del dinero para lograr beneficio en las transacciones. El problema es que ese diferencial supera ya el 1%, con un euribor por encima del 5%. Cualquier movimiento de los tipos del BCE empuja al alza la referencia crediticia y en la actual situación hasta las declaraciones del banquero central europeo, Jean Claude Trichet, cotizan en el interbancario siempre en contra de los intereses de las familias hipotecadas. Son mecanismos de autodefensa de las entidades financieras y censurarlos raya en la demagogia, pero no se puede pasar por alto en la ecuación que los bancos siguen ganando dinero y los ciudadanos están cada día más endeudados. El peso de las hipotecas respecto a los ingresos de los hogares es cada vez mayor y la banca tendrá que renegociar hipotecas si la situación no se ajusta por una evolución lógica de los mercados. La política del BCE se circunscribe al control del IPC y Trichet maneja los tipos en función de las tensiones inflacionistas. Es otra de las trampas del euribor, la que sitúa al Banco Europeo como principal agente implicado en el devenir hipotecario empeñado además en atacar las economías domésticas. Precisamente, José Luis Rodríguez Zapatero intentó sacar provecho el pasado sábado de este equívoco culpando en parte a Trichet de que el índice esté desbocado. Es la táctica que se cimienta en no reconocer la existencia de una crisis en vez de promover una regeneración global del sistema productivo para eliminar el exceso de aportación del sector de la construcción al PIB español. Quedarse de brazos cruzados supone dar vía libre a un proceso que acarrearía una dura corrección a la baja de los salarios para impulsar la productividad, alargar en el tiempo el retroceso de los costes de las materias primas para frenar la inflación y un aterrizaje progresivo del sector inmobiliario en una zona de precios más coherente con el valor real de los pisos. |
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