pamplona. Un año después de la ruptura oficial de su último alto el fuego, ETA ya ha demostrado con creces qué quería decir cuando declaró abiertos "todos los frentes". Tras sus atentados contra la Guardia Civil, la Ertzaintza, la clase política y las empresas adjudicatarias del TAV, ETA ha dado el salto a otro estamento: el de la prensa. La organización armada hizo estallar ayer sin previo aviso un artefacto con temporizador compuesto por cinco kilos de explosivo ante la rotativa de El Correo en la localidad vizcaína de Zamudio, donde en el momento de la explosión trabajaban medio centenar de personas. La bomba estaba en el interior de una mochila. Ninguno de los trabajadores resultó herido y todos sacaron fuerzas de flaqueza para regresar al trabajo dos horas después del atentado y garantizar que El Correo y otros periódicos que se imprimen en estas instalaciones llegaran ayer a los kioskos. El editorial del día del periódico atacado, escrito contrarreloj, mandaba un nítido mensaje a ETA: "No pondrá mordaza a nuestra voz", proclamaba. La explosión se produjo sobre a las 3.00 horas en una de las plantas del edificio donde operan las rotativas de El Correo, ubicado en el polígono Torre Larragoiti. Según precisaron desde el propio periódico, el artefacto había sido colocado "en el muro exterior, en la zona trasera del edificio" y la onda expansiva destruyó "un zócalo de hormigón de más de un metro de grosor que protege la fachada, además de derribar alrededor de 40 metros cuadrados del muro del edificio. Asimismo, afectó a parte del tejado del inmueble" y provocó la rotura de cristales en los pabellones de las empresas Padel y Tubos Larrondo.
DOS FALSAS ALARMAS El temor a un segundo golpe de efecto de ETA generó dos falsas alarmas. La primera, en torno a un vehículo sospechoso aparcado cerca de la rotativa de Zamudio, que se descartó como posible coche bomba trampa tras ser inspeccionado por la Ertzaintza. La segunda se produjo en la sede de El Correo en Vitoria, donde un paquete sospechoso depositado en la entrada encendió todas las alarmas y obligó a desalojar el recinto. También fue un falso aviso. Con la acción de ayer, ETA vuelve a poner en su diana a los medios de comunicación siete años después del asesinato del director financiero de El Diario Vasco, Santiago Oleaga. Aunque desde 2001 no ha habido víctimas mortales de ETA vinculadas al mundo de la prensa, han sido múltiples los ataques de la organización a distintos medios y se han registrado también atentados personales contra periodistas, como el que dejó sin algunas falanges y sin visión en un ojo a Gorka Landaburu. Diversas asociaciones de periodistas coincidieron en echazar el intento de "coaccionar" a la profesión. "No cederemos al terror y seguiremos defendiendo el libre ejercicio del derecho a la libertad de expresión e información", enfatizaron. >d.n.