q UEDAN poco más de dos años para formalizar la candidatura de Pamplona a capital cultural europea. Alguno pensará que es mucho tiempo; pero eso depende de la competencia y de la ventaja que nos llevan. Y aquí viene el problema: nuestra situación dista mucho del optimismo con que la alcaldesa declara impulsar la candidatura. Viendo la competencia, se ha empezado tarde y muy despacio.
En España están trabajando por su candidatura, que se sepa, nada menos que 15 ciudades. La mayoría tiene una web específica para la candidatura e informa del trabajo que va haciendo. Algunas llevan ya varios años de rodaje, han aprobado un manifiesto y han ido captando adhesiones para su candidatura. Por ejemplo, Burgos ha obtenido 20.000 en seis meses; Málaga, 111.000; Córdoba lleva 110.000 de ciudadanos de a pie y de instituciones importantes (Ciudades Patrimonio Mundial, la CEOE, la CEPYME, la Fundación Príncipe de Asturias) y personalidades de la cultura (Ainhoa Arteta, Almudena Grandes, Forges, Antonio Gala, Antonio Muñoz Molina, Arthur Penn… si seguimos nos encontramos a Bob Dylan). Tarragona tiene el apoyo de 400 Ayuntamientos catalanes. Segovia ha lanzado un voluntariado cultural. Cáceres 2016 da su nombre a un equipo de baloncesto. Segovia o Cuenca tienen una comisión especial...
Una se asoma a la web de Pamplona y se encuentra un comunicado de 24 de abril de 2008 informando de la selección del logo, la próxima contratación de un técnico para coordinar la candidatura (¿hasta ahora no había nadie?), el inicio de "un proceso de reflexión estratégica" (¿a estas alturas?) y la excursión a Torun. Un gran camino andado. En Torun tienen una web ad hoc y trilingüe (polaco, castellano e inglés) donde aparte de información sobre la ciudad, y de contar que llevan trabajando la candidatura desde 2006, también recogen adhesiones. Recalco lo de las adhesiones porque, además de que esto es una competición en la que los apoyos cuentan y mucho (¿dónde están los de Pamplona?), la participación es uno de los aspectos que debe contener el programa cultural. Según la normativa, este programa debe atenerse a criterios agrupados en dos categorías: 1. La dimensión europea(...) 2. La ciudad y los ciudadanos: a) estimular la participación de los ciudadanos y despertar su interés y el de los extranjeros. Si ni siquiera se ha empezado a movilizar a los propios ciudadanos, difícilmente se va a impulsar un programa convincente. Y confiar en exceso en los Sanfermines es muy aventurado. A estas alturas probablemente estamos ya abocados a la elaboración improvisada de un programa para cubrir el expediente y con escasas posibilidades. Me temo que, una vez más, no se va a conseguir más que vender humo y un gran espejismo a la ciudadanía, eso sí, con grandes dosis de marketing político por parte de nuestros gobernantes. Lo de siempre.
Pamplona merece ser capital europea de la cultura en 2016, pero nuestros representantes están boicoteando esta posibilidad. Puede que no les interese porque falta mucho tiempo; muchas vueltas políticas al reloj de la plaza Consistorial. O puede, simplemente, que no tengan ideas sobre cómo abordar estos procesos. Pero, entonces, lo mejor que podrían hacer es preguntar a quienes sabemos más sobre participación ciudadana. Por el bien de nuestra ciudad.
(*) Ex concejala de Pamplona por IUN-NEB