| A inflación armonizada interanual se ha disparado en mayo y ha subico cinco décimas, hasta el 4,7%, la tasa más alta desde enero de 1997, cuando comenzó a elaborarse la serie histórica. La noticia es nefasta; ya hace tiempo que todos los datos concernientes a la economía llegan vestidos de pesimismo y como un augurio de días peores. En realidad, el simple anuncio de la difusión de nuevas cifras -tengan que ver éstas con el desempleo, la compraventa de viviendas o el endeudamiento familiar- pone a todo el mundo en alerta y en situación de intentar adivinar por qué lado van a llegar los recortes y en qué medida les van a afectar. Los datos sobre la inflación armonizada encajan en el puzle de una crisis acelerada a la que se le intuye un final incierto y para nada cercano. El aumento del precio de los combustibles y de los alimentos acecha ahora a sectores que habían logrado eludir el difícil trance por el que pasa la construcción (si es posible quedar ajeno a una recesión que parece provocar los mismos efectos que un tsunami ). Transportistas, agricultores, pescadores, taxistas y hasta las grandes compañías de aviación ya no pueden resistir ante las constantes subidas del precio del gasóleo (un 37% en los últimos doce meses) o de la gasolina (un 15% la de 95 octanos). El Gobierno ha asistido al desencadenamiento de esta crisis con una actitud contemplativa y sin intervenir nada más que para constatar semánticamente lo que a todas luces era evidente desde tiempo atrás en el bolsillo de los consumidores. Hablar de desaceleración es usar un eufemismo cuando las economías familiares se resienten de tal forma que difícilmente van a poder hacer frente al pago de sus créditos; y si sacan adelante esos compromisos va a ser a costa de un acusado descenso del consumo, también palpable y de efectos demoledores. Esta crisis, difícil de reconducir y que sacude sobre todo a quien tiene menos recursos, acabará por escenificarse en la calle, que es el único espacio que le queda a la ciudadanía para reclamar medidas correctoras para que no paguen siempre los mismos. Con este horizonte, un dato de última hora viene en apoyo de los optimistas: la economía de EEUU creció en el primer trimestre más de lo esperado. ¿Será capaz el Gobierno de Zapatero de dar sus propias respuestas a la recesión o necesitará un Plan Marshall? |
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